17 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sí al pacto de la derechita cobarde, el centro veleta y la derecha legionaria

Andalucía es el ejemplo de cómo PP, Cs y Vox pueden y deben colaborar: lo quieren sus electores. Para ello hacen falta arquitectos, no zascandiles ni insultos ni juegos de azar.

 

 

El juego de los pactos, acompañado del agit-prop para imponer el nuevo testamento del siglo XXI, el “relato”, se agota por la incapacidad de los partidos para llegar acuerdos y formar gobiernos. Buenos ejemplos de ello los tenemos en Madrid y Murcia. También en el camino de Pedro Sánchez hacia su segunda parte en La Moncloa.

En la Asamblea de Madrid, verbigracia, se ha alcanzado tal grado de simpleza que han tenido que lanzar un debate de investidura sin candidato al que investir. Parece que nunca renunciamos a tropezar con la misma piedra: Calígula llegó a nombrar senador a su caballo, Incitatus. La estupidez, como se ve, no es patrimonio de ninguna generación.

Seamos sinceros: el españolito de a pie, al menos a mí me ocurre, se desayuna cada mañana con la sensación de asistir a un absurdo debate entre los políticos sobre quién se sienta con quién. Debate, por cierto, agotador y que no deja a ninguno en buen lugar. ¿Cinco horas alrededor de un café es una negociación, o simplemente estaba muy caliente la taza y hubo que dejar pasar el tiempo para que se enfriase?

 

Mención aparte merecen esos frecuentes desahogos políticos vía intercambio de tuits tras reuniones secretas anunciadas siempre previamente por los protagonistas. ¿Es esta la nueva política? ¿La deslealtad? ¿Insultarse en las redes sociales? Lo dudo mucho, la verdad.

Zascandiles no

Si los líderes españoles viven del antagonismo con sus adversarios, la política se devalúa. Más todavía en un momento como el actual, donde lo normal es el fraccionamiento partidista. Buscamos arquitectos capaces de levantar edificios ilusionantes, no zascandiles con el “No se puede hacer” permanentemente en la boca.  España es un país donde lo que vence es la moderación y el diálogo.

¿Encaja el ideario de Cs con el de Vox? Miren Andalucía. La colaboración es permanente. La cercanía, cada día mayor. Así que si la respuesta es afirmativa

Los intereses de los ciudadanos deben estar por encima de las legítimas diferencias entre las distintas fuerzas políticas. Sin duda. No se puede bloquear el país. Y, por supuesto, a nadie debería importarle lo más mínimo si a Albert Rivera le cae mejor o peor Santi Abascal. Porque corremos el riesgo de que una profesión como la política, de máximo nivel, viva a base de impulsos similares a los de un reality como Supervivientes.

¿Encaja el ideario de Cs con el de Vox? Esa es la pregunta importante. Miren Andalucía. La colaboración es permanente. La cercanía, cada día mayor. Así que si la respuesta es afirmativa, alguien debería cortar ese nudo gordiano que impide la interlocución entre ambos.    

Condenados a entenderse   

La obstinación en la dialéctica de confrontación daña a todos. Esto no puede ser un frontón. Cuando las fuerzas políticas se reúnen en torno a una mesa lo hacen para hablar, no para que una se siente solamente a escuchar. Y esto no es una lección de alta política, simplemente es sentido común.

Empiecen por el principio: ideas, ideas e ideas. Programa, programa, programa. Y si acaso luego, con el paso del tiempo, tras darse los buenos días cortésmente durante unos meses, se van de cañas juntos un domingo por la mañana. La “derechita cobarde”, el “centro veleta” y la “derecha legionaria” están condenados a entenderse porque así lo dicen sus electores. Y después, que el líder más atrayente se lleve el gato al agua.

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