16 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La baza con la que cuenta Sánchez para resistir en La Moncloa hasta 2020

Pedro Sánchez en su escaño.

Pedro Sánchez en su escaño.

El presidente del Gobierno sabe a ciencia cierta que sus socios no le dejarán caer por si las elecciones las pudieran ganar "las derechas". Por eso, con o sin Presupuestos, aguantará.

El poder elimina tensiones y lo que en otras circunstancias serían gritos se convierten en susurros. Y eso, susurros, es lo que existe en, al menos, algunos sectores del PSOE que contemplan con un cierto vértigo la situación del Gobierno. Su extrema debilidad parlamentaria, que solo puede ser subsanada con pactos “poco deseables”, como afirma un veterano, aunque joven, dirigente socialista.

No son pocos los socialistas situados fuera de la esfera del Ejecutivo que tienen una clara, aunque callada , zozobra. “Muchos socialistas que apoyamos a Pedro frente a Susana estamos realmente preocupados o quizás expectantes porque no sabemos cómo va a filtrar la mayoría de ciudadanos todo lo que ocurre en Cataluña y la respuesta, y a veces falta de respuesta, de Pedro. Una cosa son las encuestas y otra la realidad. Parece que Pedro ha encontrado su zona de confort”.

El presidente del Gobierno está determinado a resistir en La Moncloa todo el tiempo posible. Así parece indicarlo pese a que lo que tiene por delante es un camino muy empedrado, que augura momentos de extrema soledad.

Podemos, su socio preferente, en caso de duda se coloca más cerca de los independentistas, aunque Pablo Iglesias no lo sea, que de las posiciones del Ejecutivo. Salvo en el documento sobre Presupuestos enviado a Bruselas, no se puede afirmar que Pedro Sánchez esté acompañado por Iglesias. Más bien al contrario.

 

Se ha visto con la reacción del Ejecutivo de recurrir la resolución del Parlament reprobando al Rey y en el rechazo claro a la acción de la Justicia en relación a los hoy presos preventivos. A su salida de la cárcel en donde se entrevistó con Oriol Junqueras, Iglesias envió un mensaje claro. “He hecho mi trabajo, ahora le toca al Gobierno”.

El Ejecutivo dijo que Iglesias no era su enviado, pero no hizo el menor esfuerzo por desmarcarse de tal visita. Tienen derecho, se dijo, a hacer los movimientos que crean oportunos quedándose así en esa zona gris que permite que las interpretaciones sean libres. No cabe duda de que si Iglesias hubiera logrado un apoyo a las cuentas públicas, el Gobierno no lo habría desdeñado.

El juicio del procés coincidirá con el debate presupuestario, mal que le pese a Sánchez

Vienen días complejos. La apertura del juicio oral por el procés va a coincidir en el tiempo con el debate presupuestario. Quim Torra ha advertido de que todo lo que no sea absolución no se va a admitir. “Reaccionaremos con la misma determinación que el 1-O”, ha dicho.

Y, aunque es verdad que en el seno del independentismo hay discrepancias y fisuras, es seguro que el juicio aunará fuerzas, eliminará discrepancias y se pondrá por encima de cualquier contradicción o desconfianza el objetivo que les une.

La atención se ha puesto en los Presupuestos. Sin embargo, su aprobación no es un factor determinante para que Pedro Sánchez desista. Si hay que prorrogar los ahora vigentes, el Gobierno siempre podrá recurrir al decreto para sacar adelante alguna de las medidas prometidas. Y ahí sí, ahí contará con el apoyo de ERC, de Podemos y del PNV porque a todos ellos -al PNV, quizás, en menor medida- les une el propósito, el deseo de que “las derechas” no lleguen al Gobierno.

Artur Mas lo ha dicho: hay que pensar bien qué queremos, si un Gobierno PP-Ciudadanos-Vox o un Gobierno PSOE-Podemos. Sin duda, lo segundo. En La Moncloa la decisión parece estar tomada. Si hay Presupuestos, la legislatura se agota y si hay prórroga, elecciones en el último trimestre de 2019. Y es en este dilema en el que Pedro Sánchez encuentra su zona de confort.

Sus socios van a hacer de su apoyo un experimento de resistencia, pero el presidente del Gobierno sabe a ciencia cierta que in extremis no le dejarán caer por si las elecciones las pudieran ganar “las derechas” con las que no se habla y a las que acusa de deslealtad, sobre todo al PP, cuando en ningún momento ha buscado el más mínimo encuentro.

Él fue leal con Rajoy, solo que Rajoy contaba con él y el presidente no cuenta ni con Casado ni con Rivera. Con Albert Rivera no ha cruzado una palabra y con Pablo Casado ha mantenido una conversación de cortesía el pasado mes de agosto, justo después de su elección como presidente del PP. El pasado miércoles, La Moncloa hizo saber a Pablo Casado que ya no le hablaba. Como si alguna vez lo hubieran hecho.

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