21 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El "pulso" de Iglesias aterroriza a los barones de Podemos, que se temen lo peor

Iglesias, en el último Consejo Ciudadanos de Podemos tras el 26-M.

Iglesias, en el último Consejo Ciudadanos de Podemos tras el 26-M.

Mientras en los territorios tratan de reconstruir las ruinas del 28-A y el 26-M, causa pavor la hipótesis de unas nuevas elecciones en noviembre. Y miran a su líder con estupor.

"Solamente nos puede pasar algo peor de lo que nos pasa, volver a las urnas. Será nuestra ruina". Esta reflexión de uno de los dirigentes territoriales de Podemos, de los menos afines a Pablo Iglesias, refleja bien como se sigue desde el partido morado la guerra fría entre el PSOE y la cúpula podemita. "En provincias", añade, elecciones en noviembre causa pavor.

Liderados por Podemos Andalucía, los barones que no han dimitido -Castilla La Mancha-, o que gobiernan auténticas guerras civiles internas -Aragón, Cantabria o La Rioja, entre otras-, comienzan a vislumbrar con enorme preocupación el pulso que Pablo Iglesias mantiene con Pedro Sánchez por la entrada en el nuevo gobierno.

Pero Iglesias no parece darse por aludido. Este viernes ha asegurado que es "lógico que el PSOE trabaje para una investidura con la derecha", e incluso no la ve "descartable", pero que confía en que al final, cuando terminen esos intentos de "gobierno cómodo", habrá un acuerdo con Podemos porque considera que Sánchez no cometerá "la irresponsabilidad" de repetir las elecciones por culpa de la "obsesión absurda y fuera de época" de querer un gobierno único.

Ni entienden que tener ministros, simbólicos en cualquier caso ya que nunca ocuparán los ministerios de Estado con decisiva capacidad de gestión, sea una prioridad; ni comprenden por qué no "ganar tiempo" en la oposición como garantes de las esencias de la izquierda frente al PSOE; ni comparten que la refundación del partido, mediante un Vistalegre III, no sea ahora la auténtica prioridad de la dirección.

 

 

Iglesias y Sánchez en una de sus reuniones en La Moncloa.

 

Algunos secretarios de Organización regionales, a la espera de conocer los planes de nuevo número tres de Iglesias, Alberto Rodríguez, siguen analizando los desgloses del tsunami electoral del 28-A y del 26-M. Otros, manejan los primeros tracks (informes demoscópicos oficiosos) postelectorales, que no invitan al optimismo.

Al margen de la masiva deserción, constatan, los fieles están desmovilizados, las estructuras de base -los círculos- inactivos, y, además, muchos cargos públicos que vivían a cuenta del presupuesto público -en el gobierno manchego o en los ayuntamientos del cambio de Madrid, Zaragoza, Coruña o Santiago- están ya en la cola del INEM.

Por eso, algunos barones de peso siguen maniobrando a la vera de Teresa Rodríguez y su combativo portavoz, Pablo Pérez Ganfornina, para tratar de convencer a Iglesias y Montero de que su entrada en el Consejo de Ministros es ahora prioridad secundaria.

Más aún, cuando en muchos territorios, los afines a Íñigo Errejón han acelerado en el último mes para levantar estructuras nacionales al servicio de la idea fundacional de Más Madrid. Unas urnas en noviembre generan terror. Y otra nueva guerra por las listas electorales, directamente... pánico.

 

 

 

 

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