20 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La segunda vuelta para elegir alcalde, un acierto y una necesidad

El PP plantea una reforma que también defendió el PSOE en el pasado y es razonable: liberar a los alcaldes del bloqueo de la oposición por razones ajenas a las necesidades de los municipios.

 

 

El PP ha recuperado una propuesta que ya planteó en 2015, en la primera iniciativa parlamentaria presentada por Dolors Montserrat: conceder la mayoría absoluta al partido más votado en unas Elecciones Municipales si, a la vez, supera el 35% de los votos y saca más de cinco puntos al segundo. Como quiera que esas dos condiciones no son muy usuales, en realidad lo que la medida avala es algo bien razonable: celebrar una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, de manera que al final quien resulte vencedor pueda gobernar luego con autonomía.

 

Se trata de una propuesta razonable, que el PSOE también incluía en sus programas electorales aunque ahora la denigre, con pocas posibilidades de prosperar sin embargo: al parecer, el sistema que se utiliza en Francia para elegir a su presidente no basta en España para escoger a sus alcaldes.

Un acierto

Una de las cunas de la democracia mundial elige así al jefe del Estado; pero aquí se esgrime que tal procedimiento minaría la calidad democrática de los municipios. Un sinsentido, como demuestra la salud del país vecino en términos de participación política.

 

 

Porque en realidad es al contrario. La segunda vuelta limita la disgregación del voto -algo tan habitual sobre todo en la izquierda- y libera a las ciudades de un enorme problema: la repetición a escala local de un esquema de política nacional que repite, de manera grotesca, los roles de los partidos: España está repleta de concejales que, en lugar de rendir servicio a sus vecinos, emulan a Casado, Sánchez, Rivera o Iglesias; importando las relaciones, prioridades y comportamientos de sus líderes a ámbitos donde ni hacen falta ni son aplicables.

Si Francia puede elegir a su presidente con un sistema de doble vuelta, España podrá hacerlo con sus alcaldes

Dotar de autoridad al alcalde, pues, es una manera de sortear el bloque que, por razones ajenas a la política doméstica, sufren tan a menudo en tantas ciudades. Y también acaba con el debate sobre las coaliciones improvisadas que, con los votos ya depositados, surgen repentinamente para compensar a menudo el designio de las urnas: con una doble vuelta, por ejemplo, Manuela Carmena seguramente no sería una alcaldesa perdedora aupada por el PSOE, sino la candidata más votada con ese procedimiento.

Que se debata

Decir que beneficia al PP en lugar de entender que lo hace a los ciudadanos es un absurdo que perpetúa un modelo superado por la experiencia y aplicado con éxito en muchos países. Debatir de ello en serio es lo mínimo que los partidos deben a la sociedad. 

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