14 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Marlaska y… ¡Viva el 8M!: el descaro de un presidente debilitado

Pedro Sánchez reivindicó el "pecado original" de la pandemia, con una actitud insólita con el panorama que sufre España. Pero tiene una hoja de ruta y es ésta.

 

 

Pedro Sánchez se las prometía felices. Creía haber logrado la cuadratura del círculo. Tenía en su mano a Cs, el respaldo del PNV y la abstención de ERC para la sexta y última extensión del estado de alarma. Pese a titubeos pasajeros, la mayoría Frankenstein que le aupó a La Moncloa había sido zurcida. Pero, ya se sabe, a perro flaco todo son pulgas. Y la debilidad de este Gobierno cada día es más palpable. Así que en su camino de éxtasis volvió a cruzarse Fernando Grande-Marlaska.

El ministro del Interior no deja de tropezar consigo mismo buscando explicarse sobre la destitución del coronel Diego Pérez de los Cobos. El entorno presidencial había previsto que el suflé de la escandalera bajase tan rápido como había subido.

Pero las cosas se complicaron –y de qué manera– cuando el cese quedó definitivamente vinculado (vía nota interna de la directora general de la Guardia Civil, María Gámez) a la negativa del hasta entonces jefe de la comandancia en Madrid a entregar la investigación judicial sobre el 8M. Una injerencia “de manual” del Gobierno en el poder judicial.

Ante la tormenta que se le había venido encima, el presidente, genio y figura, sacó pecho y desde la tribuna del Congreso de los Diputados exigió al resto de fuerzas políticas que repudiasen el odio y la provocación. Y no contento con ello, aludiendo a la manifestación feminista que había motivado el informe de la Benemérita, dejó retumbando el hemiciclo con un “¡Viva el 8 de marzo!”.

 

Así, con descaro, provocando, reivindicó el que para buena parte de los españoles es el “pecado original” de este Gobierno: haber priorizado la ideología sobre la salud. Con los efectos conocidos: propagación de la pandemia hasta ser uno de los países con mayor proporción de muertos, el confinamiento de la población más estricto del mundo y el caos económico. Tan soberbio está Sánchez, que no duda siquiera en desafiar a la Justicia, cuya independencia pretende cercar.

 

 

El presidente ha puesto límites al escenario. La consigna gubernamental, extensible a la facción de Unidas Podemos, pasa por un respaldo férreo a Marlaska. Oficialmente, hay “confianza ciega” en el titular del Interior: “No hay grietas”, se dice.

Entre bambalinas, sin embargo, baja enteros. El muro de contención impuesto es insuficiente para ocultar el desconcierto. Los cambios de versión del ministro y sus explicaciones contradictorias con tantísimos puntos débiles agrandan la inquietud en los despachos monclovitas.

En el propio equipo de Sánchez, ante el temor a quedar enquistados en su purga en la Guardia Civil con el ambiente cada vez más caldeado, las aguas están revueltas. Marlaska se ha adentrado en un inquietante jardín con el presidente a su lado. Por más que su especialidad sea la supervivencia.

La credibilidad

Con todo, el líder socialista siempre tiene a mano el botón del control. De ahí que, aunque su núcleo duro transmita apoyo total al titular de Interior, en ningún momento se haya escuchado una palabra de más para respaldar a la directora general de la Benemérita.

Con la orden de caída de Pérez de los Cobos firmada de su puño y letra, bien puede ser ella la “carnaza” inicial que se eche a quienes piden dimisiones ante el escándalo. La exigencia ética de un miembro del Gobierno debería ser siempre muy alta y, precisamente por ello, quien tiene en su mano una cartera tan rigurosa como la de Interior jamás debería ser una persona con la credibilidad en entredicho. Pero, los antecedentes obligan a pensar que el presidente va a defender al ministro como gato panza arriba.

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