La ciudad no es para mí. Unidas pactemos

Proliferan declaraciones grandilocuentes para insinuar que el otro sólo quiere lo que es obvio que ambos desean por igual: mandar.

En este nuevo -tal vez transitorio- repunte de la fantasía nacionalista que
protagonizan un cónsul español estúpido en Edimburgo (razonablemente
destituido de inmediato por Exteriores), el Instituto Iberoamericano de La Haya
para la Paz (naturalmente censurado por el Foro de Profesores) y la portavoz
sustituta de los independentistas regañando al Rey (ridiculizada por miles de
memes), el presidente en presunciones dice maniobrar hacia el centro. Egocéntrico
sí es.

Las fuerzas políticas -eufemismo para evitar inoportunas confusiones
deportivas- todavía sin recuperarse de la sorpresa del batiburrillo de los
resultados electorales, con subidón o bajón de adrenalina según el caso, se afanan
en estudiar futuros efectos de los posibles pactos para obtener poder. Para nada,
por mucho que lo proclamen, en procurar mediante ellos una mejora de la
situación de los administrados que quedarán bajo su custodia, ni siquiera de
interpretar -otro eufemismo- la voluntad popular. El famoso “la ciudadanía quiere
…” que cada uno arrima a su sardina cual ascua de espeto del Palo malagueño.
Que ni siquiera en Málaga, que yo sepa, el histórico Francisco de la Torre
tiene el sillón garantizado pese al curioso apoyo televisivo de Carmena (entre
yayos anda el juego).

Repasemos.

Pacto a nivel nacional entre PP y Vox para alcaldías menores -si es que
alguna lo es para el de a pie-, pero sigue el tira y afloja en Madrid, capital y
Comunidad, a falta de un Valls que echarse a la mesa de negociaciones. Y más
eufemismos, como “reparto de cromos” y declaraciones grandilocuentes para
insinuar que el otro sólo quiere lo que es obvio que ambos desean por igual:
mandar.

Colau activista, autodefinida madre bisexual y tía buena, parece que podría
repetir si descuelga el lazo -amarillo, of course- y presume menos de moderna.
Veremos cómo acaba el culebrón. Conspiración, ya se sabe último recurso, a juicio
del Maragall radicalizado (qué sagas).

Mientras Nadal repasa a Federer, Iglesias -cada día más encorvado- opta
por repartir culpas en lo ajeno defendiendo la hipoteca que no es moco de pavo,
con mal saque y peor pase in short. Y yo ya empiezo a confundir a Errejón y
Echenique. Me armo líos con sus cosas y sus casos. Espinar al acecho.
Mi amigo Rafa Trénor (su Esfera Armilar vuelta a casa menorquina)
recuerda a menudo aquello del “buen vasallo …” de quien ahora se conoce una
compleja operación de transfuguismo patriota para liberar Valencia. También se
dice que ganó su última batalla después de muerto.

No es el caso de Ribó, que vivo y bien vivo, pone a treinta por hora a
Valencia -lo que no me parece mal- mientras Sandra sonríe y llorará de impotencia
soberbia la Oliver.

Parece que Puig y Oltra -no confundir con Puig i Cadafalch, que sí era uno
de verdad- quieren copiar a Camps y meterle en la cárcel a la vez. Mientras
antifrau le busca las cosquillas al mediático hermano del president.
Unidas, prietas, las filas … pactemos.

Hasta para Venezuela -siempre en el corazón- dicen que es la vía. No sé.

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