27 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez e Iglesias hacen electoralismo sobre el cadáver de María José Carrasco

María José Carrasco y su marido Ángel

María José Carrasco y su marido Ángel

La izquierda se arroga el monopolio de los sentimientos y las buenas intenciones, pero en realidad manipula casos tan conmovedores como éste para hacer campaña de sí misma.

 

 

 

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se lanzaron anoche en tromba contra PP y Cs tras conocerse el conmovedor vídeo en que una enferma terminal, María José Carrasco, se suicidaba asistida por su marido, detenido a continuación por ayudar a su esposa en tan trágico momento.

Es imposible no sentir empatía con la víctima y con su esposo, que fue detenido y liberado a continuación, ni una honda comprensión hacia lo que ambos hicieran: ella, afectada por una esclerosis múltiple que la tenía paralizada, pensaba que así no merecía la pena prolongar su vida. Y él, en un acto supremo de amor, le cedió sus manos para que pusiera fin a su martirio.

En casos así, es muy complicado no entender la existencia de una ley que, más que avalar la muerte voluntaria, en realidad facilita la muerte inevitable y la hace menos dolorosa cuando de verdad es segura.

Manipulación o pedagogía

Eso es lo que debieran hacer dicho Sánchez e Iglesias, con la pedagogía que requiere un tema tan delicado y complejo, pero optaron por cargar contra sus rivales, convirtiendo un debate tan sensible y un caso particular tan triste en un burdo argumento de campaña y arrogándose el monopolio de unos buenos sentimientos que, en realidad, todo el mundo tiene.

Algo muy habitual en una izquierda convencida siempre, por alguna absurda razón, de la superior jerarquía de sus valores y emociones, frente a las de partidos y ciudadanos que tienen los mismos aunque los encaucen de otra manera.

Nadie puede llevar el "derecho a morir" hasta el punto de que valga la voluntad personal con independencia de la edad y estado. Ni tampoco negar la necesidad humanitaria de ayudar a morir mejor, sin agonías, a quienes llegan al fin

Es obvio que, en este asunto como en tantos otros, a PSOE y a Podemos le desbordan las contradicciones o el simple ventajismo: al parecer sostener la prisión permanente revisable es "legislar en caliente", porque ellos lo dicen; pero refrescar el debate sobre la eutanasia con el cuerpo presente de María José, no lo es.

Una paradoja hipócrita presente en tantos otros frentes, como el de la memoria histórica sin ir más lejos: se puede apelar a ella para sustituir la reconciliación por una venganza y un revival antifranquista; pero no para honrar a las víctimas de ETA, más recientes y humilladas por los pactos del mismo Sánchez con Otegi.

En el caso de la eutanasia, ese intento de manipulación ideológica para hacer de una ley al respecto otro argumento de confrontación ideológica es lo que, precisamente, ha demorado la aprobación de una legislación en la que quepan todos.

"Morir mejor"

Es sobre todo una cuestión de nombres. Porque nadie en su sano juicio puede llevar el "derecho a morir" hasta el punto de que valga la voluntad personal con independencia de la edad y estado en que uno se encuentre. Ni tampoco negar la necesidad humanitaria de ayudar a morir mejor, sin dolor ni agonías, a quienes tienen cerca el fin.

No es tan difícil, pues. Basta con evitar la manipulación emocional y política de una realidad que hay que entender con sensibilidad, cabeza y extremo cuidado. Aunque eso le quite causas a una izquierda frentista capaz de creer que solo a ella le conmueven María José y su marido.

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