El día a día del patrullero

El detenido reconoce haber pegado a su mujer por celos, la mujer está en shock, no para de llorar, tiene la cara enrojecida de los golpes. Pero luego dice no le va a denunciar

Que nada más comenzar el servicio de patrulla de la policía y que un familiar cercano a una víctima te pida auxilio con el rostro desencajado porque su marido la está golpeando con toda su rabia y energía puede poner a cualquiera los pelos de punta, pero también a nosotros. El tiempo y la rápida intervención pueden hacer parar esa angustia o puede ser demasiado tarde, nunca lo sabemos.

Esta situación y más graves ocurren más de lo que los ciudadanos se puedan imaginar, ya que ha aumentado la violencia machista y la intrafamiliar de forma exponencial en esta época de pandemia mundial. Utilizar aquí la estadística puede no ser concluyente, debido a que se sabe muy poco de los casos silenciosos en ausencia de datos, de denuncias. El mal encarnado en un cerco cerrado, donde todo queda ahí dentro y donde no sale ni la persona, ni lo que allí sucede. Un pozo de oscuridad personal…

Las cifras reales es que desde enero de 2003 hasta el día de hoy hay un total de 1.068 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas sentimentales en nuestro país, pero la violencia continuada vivida en cada casa, en la vida íntima familiar jamás la vamos a contabilizar, pues las sospechas son precisamente eso, circunstancias no contrastadas con pruebas.

El corazón pasa de cero a cien en pocos segundos, pero la profesionalidad hace que actúes con una atención, concentración, para que llegues al lugar de manera inmediata, pero adoptando todas las medidas de seguridad por lo que te puedas encontrar, porque nunca sabes que vas a vivir en esas peligrosas circunstancias.

Gritos, llantos, mobiliario roto, manchas de sangre… es el denominador común de esas viviendas, una atmosfera de azufre cargada de un aura gris de violencia, donde la respiración se corta al entrar, donde lo ojos se agudizan para anticipar los reflejos y las acciones súbitas. Lo más desgarrador es observar a una niña de unos cinco años llorando en su habitación, con esa mirada de terror aferrándose al abrazo de su peluche y gritando a su padre que no mate a su mamá… y no esto no es un guion de Scorsese, es la vida real.

El detenido reconoce haber pegado a su mujer por celos, cree que mantiene una aventura con un amigo suyo, la mujer está en shock, no para de llorar, tiene la cara enrojecida de los golpes, y le sangra la nariz, pero después de unos minutos dice que no le va a denunciar, que no le quiere perjudicar, habiendo sido solo una discusión de pareja, algo más habitual de lo que creen. La cara del individuo es de satisfacción al escuchar que la mujer no le delata y su ira contenida es una intimidación muy eficaz.

Las fuerzas y cuerpos de seguridad actúan en este caso de oficio, el sujeto no se puede ir después de la gravedad de lo sucedido, y aunque el maltratador parezca indiferente al problema y a las lesiones que ha causado, no sabe entender que su postura de dominación, de poder sobre la otra persona, es obvia, es una discriminación porque entiende que es inferior a él.

La víctima necesita tiempo para darse cuenta de su situación, de su dependencia emocional, ya que está atrapada en un “laberinto sin salida” de la que podrá salir con la ayuda de aquellos profesionales sensibilizados que muestren su preocupación en el caso, pero hay que ser consciente de que debe de querer, que debe de darse ese nivel de confianza para poder salir, sabiendo lo complicado que es, pero tomando una decisión.

Instantes después el testigo de la agresión nos dice que el detenido es positivo en covid-19, y han tenido contacto directo con él cuatro policías…  Nosotros también tenemos familias y somos personas, ¿tenía miedo a decirlo por si nuestra actuación cambiaba? Es posible que sí.

Les pedimos a todos los ciudadanos que “no oculten información” sobre esta pandemia, las fuerzas y cuerpos de seguridad vamos a actuar, pero con más medidas de seguridad: con los trajes de protección individual adecuados y más elementos de protección personal para evitar el contagio, recuerden que nosotros también nos contagiamos como cualquiera.

También necesitamos protocolos de actuación adecuados a cada circunstancia porque hay que cuidar a quien te cuida, estamos para servir y proteger, pero esto a veces no es posible ante tanta información dispersa y no concreta. La urgencia hace que el protocolo pase en ocasiones a un segundo lugar y las mascarillas se pierden en intervenciones de fuerza o de resistencia.

Luego tenemos que escuchar en televisión que las fuerzas y cuerpos de seguridad no son personal de riesgo. Sepan que cada vez que se personan las patrullas en los domicilios están expuestos al peligro habitual más el incorporado por el virus. Lo peor de todo es la falta del reconocimiento de los políticos de salón  que les importa un comino lo que haga o no el patrullero, sin embargo, la tendencia es no felicitar a aquellos que se la juegan porque les das credibilidad y eso, a esos personajes de la farándula les da miedo.

Si tienes credibilidad puedes discutir las injusticias.

*Policía Local y Grupo EmeDdona.

 

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