Para qué va a servir la encuesta del PP a la alcaldía de Valencia

El PP de Valencia no tiene candidatos. Todo lo más, “candidatables”. Una encuesta propia que se olvida del actual portavoz, pregunta por cinco nombres, de los que cuatro han pedido que sea otro el elegido.

Hay una tendencia en el PPCV a pensar que tras meses de suspiros por Esteban González Pons no puede haber otro candidato que él. Si al final se eligiera una alternativa, los adversarios políticos se cebarían con la idea de que es un segundo plato.

Cabe una objeción, con todos los respetos para los demás: no todos los “candidatables” tienen un perfil de reconocimiento ciudadano bajo (que es el principal argumento para descartarlos). Desde luego, no inferior por ejemplo al de la ya segura candidata socialista Sandra Gómez. En ese perfil entraría el presidente de la gestora municipal, Luis Santamaría, y desde luego la portavoz adjunta en Corts y exalcaldesa de Torrent, María José Catalá. Precisamente por eso sorprende a estos efectos la inclusión en la encuesta de Vicente Betoret -a quien se le suponía cualquier aspiración excepto ésta- y la del independiente Manuel Broseta.

Otros en el PPCV creen en cambio que precisamente González Pons no puede ser el candidato porque él ya se ha preocupado de que si viene parezca que lo hace arrastrado, lo que tampoco sería un buen cartel electoral. Se diría que es peor.

Así las cosas, el actual estado de la cuestión parece limitarse a ver quién tiene más éxito a la hora de espolsarse la etiqueta de “candidatable”. Lo que, en algún caso, puede que no sea sino una estrategia para que te nombren pareciendo que no quieres. De esta forma, al menos, puedes negociar los nombres del 2 al 5. O del 2 al 10. O tu inclusión/mantenimiento en otra lista.

La encuesta no es, en teoría, más que una herramienta de trabajo. La decisión la va a tomar Pablo Casado, oída la presidenta del PPCV Isabel Bonig, y escuchados algunos más. La clave no parece que esté en que la consulta previa la gane o no González Pons -que todo el mundo da por hecho de que la va a gana-, lo que la haría innecesaria, a no ser que la intención fuera otra: la de demostrar que quien quede segundo no va a estar tan lejos del primero como para no arreglarlo con una buena campaña en los meses que queden a partir de que se conozca el nombre del ganador, que no puede parecer fruto de un dedazo.

 

 

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