25 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿De qué se quejan Iglesias y Montero si son millonarios por la política?

El espectáculo que está montando Podemos por los supuestos escraches no esconde las vergüenzas, fracasos y beneficios que en realidad jalonan la trayectoria de sus dirigentes.

 

 

 

Pablo Iglesias y Podemos han montado un auténtico espectáculo con los supuestos escraches que el líder del partido sufrió en Asturias mientras veraneaba con su pareja, Irene Montero, y sus tres hijos. Fuera cual fuera la dimensión de la protesta, siempre es repudiable: el derecho a la crítica no incluye, en ningún caso, la coacción ni la invasión de la intimidad o el domicilio personal.

Ni siquiera con aquellas personas que, como Iglesias y su partido, lo han consentido, impulsado e incluso practicado en el pasado, tildando de "jarabe democrático" las agresiones -así hay que denominarlas- a personas como Cristina Cifuentes, Soraya Sáenz de Santamaría o Rosa Díez, entre otros muchos ejemplos.

Dicho lo cual, el numerito desatado por Podemos es inaceptable, pues intenta convertir una anécdota o un incidente minoritario, como los que tienen lugar en su residencia de Galapagar, en una especie de ataque global de la "ultraderecha" que define al conjunto de la sociedad que, simplemente, no vota a su formación y no respalda a su Gobierno.

 

 

Si quejarse por cuatro pintadas o un molesto megáfono ya es sorprendente, en un país donde se agredió a Rajoy o se ahorcan monigotes de Abascal a menudo; transformarlo en una excusa para lanzar una enmienda a la totalidad de la pluralidad ideológica que define a una democracia, es indecente.

Se trata sin duda de estigmatizar a sus adversarios; pero también de escapar de la imagen decadente que Iglesias ha logrado en muy poco tiempo. La de un dirigente que dijo llegar para mejorar las condiciones del pueblo para, al final, mejorar en exclusiva las suyas de una manera bochornosa: nadie ha adecentado su situación desde la llegada de Podemos; pero Iglesias y Montero se han hecho millonarios con la política.

Esa evidencia, unida al contraste entre una ciudadanía atemorizada y arruinada y unos dirigentes políticos de confortables vacaciones, merece sin duda una queja, una protesta y hasta una manifestación. Siempre en los límites del ordenamiento jurídico, ésos que Podemos jamás respetó para actuar desde las barricadas con frecuencia.

Iglesias, como Sánchez, hacen caricaturas y soflaman anécdotas para justificar su sectarismo y tapar sus inmensos problemas. Pero el descontento es tan grande y los daños tan inmensos, que ninguna campaña melodramático va a poder ocultarlos mucho tiempo: septiembre está a la vuelta de la esquina y no les bastará con tildar a todo de "ultraderecha" para escurrir un bulto ya demasiado pesado.

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