20 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El siniestro currículo de Otegi, el socio de Pedro Sánchez que ya no lo disimula

Bildu ya se siente "decisiva" y de sus votos, buscados por Pedro Sánchez para sus decretos ley, puede depender quién sea presidente. El PSOE olvida su tétrico historial, con Otegi al frente.

Pedro Sánchez es presidente con los votos de Bildu, que recibió -dijo- sin necesitarlos y sin pactarlos, pero los tuvo. Y los ha vuelto a tener, ya de manera activa y con conversaciones de por medio, para sacar adelante sus decretos ley y proyectar un acuerdo para su investidura tras el próximo 28 de abril.

Sería el tercer acuerdo en pocos meses con un partido heredero de Batasuna y un líder, Arnaldo Otegi, condenado por reconstruir a ETA y por secuestro, que ya estaba en la organización o sus aledaños cuando la banda terrorista asesinó, entre otros, a nueve dirigentes del PSOE.

 

En una parte del PSOE y de la prensa, relacionar a Bildu con Batasuna, y aún más con ETA, está ya proscrito, y se considera una especie de aguafiestas a quienes siguen haciendo esa relación. Pero la realidad es que la herencia de aquel horror está en en ADN de Bildu, y lo demuestra constantemente.

Hace poco más de dos años, el partido de Otegi tuvo tiempo de dedicar su pregunta al Gobierno, entonces del PP, a conocer las circunstancias exactas de la multa de 600 euros a dos jóvenes que llevaban, camino de los Sanfermines, sendas camisetas con el mensaje 'Stop montajes policiales'.

Bildu no dijo nada de Blanco, pero salió en defensa de la campaña 'Stop montaje policial'

Un eslogan creado en apoyo de los condenados en Alsasua, un grupo de abertzales que el pasado mes de octubre acorraló y dio una paliza a dos guardias civiles y a sus parejas en la localidad navarra. El mismo día, ni Bildu ni Arnaldo Otegi, su líder real, encontraron tiempo para lanzar el más mínimo mensaje de recuerdo a Miguel Ángel Blanco en el vigésimo aniversario de su secuestro, tortura y ejecución.

Nada de eso ha cambiado y, ya con Sánchez en el Gobierno, el líder separatista condenado por terrorismo en su día, no tiene palabras más que para presumir de los nuevos tiempos en Euskadi y de su anhelo de más autogobierno. E incluso para vanagloriarse de que ya son decisivos tras aprobar los famosos decretos ley preelectorales.

El asesino de Blanco, Buesa u Ordóñez

Sin embargo, no tuvo ni una palabra del cruel crimen perpetrado por el mismo terrorista, Txapote, que estuvo detrás de los asesinatos de los políticos Fernando Buesa y Gregorio Ordóñez o del periodista José Luis López Lacalle; tres símbolos como Blanco de una barbarie que dejó 853 muertos y miles de heridos y exiliados en 40 años de coches bomba y tiros en la nuca.

 

Pablo Iglesias tampoco encontró hueco en aquel aniversario redondo para rememorar el martirio de Blanco, aquel chaval de 29 años que en la víspera de su secuestro andaba dando la entrada de un modesto coche que pensaba estrenar yéndose a Galicia como cada verano, a la aldea de sus padres en Orense donde ahora descansa para la eternidad.

 

 

El partido de Iglesias, que sí tuvo ocasión sin embargo hasta de recomendar en las redes sociales una nueva serie de televisión titulada 'El joven Papa', ha seguido en esto la estela de Bildu. Ni un mensaje oficial que muestre la más mínima condolencia y recuerdo hacia unos hechos y una edil de pueblo que simbolizan, como tantos otros, el dolor y la crueldad de tantos años de terrorismo.

Podemos, con Alsasua

Al contrario, Podemos ha coincidido todo este tiempo con Bildu en negar las agresiones de Alsasua y en suscribir, de una manera velada, la versión de que fue una pelea de bar y no un intento de linchamiento por odio, tal y como sostenía antes ya de la condena el fiscal del caso.

Para Podemos, que firmó un manifiesto en favor de los acusados junto a Bildu, PdeCat, ERC o PNV e invitó a sus familiares al Congreso; los detenidos por apalizar a cuatro personas son tan "víctimas" como ellos.

 

Los silencios, resumidos en la incomprensible resistencia de la alcadesa de Madrid, Manuela Carmena, a instalar en su momento una pancarta de recuerdo a Blanco en la fachada consistorial de la plaza de Cibeles, quedan condensados todos en la figura de Arnaldo Otegi, quien más y mejor ha encarnado la hipocresía de quienes compartían, participaban, justificaban entendían o cuando menos no condenaban, según el caso, la más larga actividad terrorista en un país de Europa en la historia reciente.

El silencio con Blanco, que define desde la complicidad histórica de Bildu con ETA según sentencia firme de la Audiencia Nacional, hasta la dificultad de Podemos para situarse con PP, PSOE o Ciudadanos en su condena sin ambages; tiene en Otegi y unas declaraciones que hizo hace poco más de dos años a Jordi Évole, en su programa Salvados, el epílogo de crueldad definitivo.

 

Iglesias es otro de los dirigentes que blanquea a Otegi, que nunca fue condenado por sus palabras, sino por secuestro, enaltecer a ETA o reconstruir Batasuna a las órdenes de la banda terrorista

 

"Quieren otro atentado"

El líder separatista, presentado por los suyos como un mártir de la libertad de expresión pese a que sus condenas y paso por presidio obedecieron a condenas firmes por secuestro (el del director de una planta de Michelín, encerrado en 1979 durante diez días en un zulo de 1.5 metros de ancho), por enaltecer al cruel etarra Argala y por intentar reconstruir Batasuna siguiendo instrucciones directas de ETA; confesó en público dónde estaba cuando toda España permanecía con el corazón en vilo temiendo la anunciada ejecución de Blanco que, finalmente, se llevó a la práctica.

“En la playa como un día normal”, con su familia, reconoció a Évole el mismo Otegi que ahora calla en el aniversario. Y aprovechó aquel polémico encuentro televisivo para lanzar otra de las consignas que aún hoy permanecen para tratar de establecer un paralelismo entre quienes mataron y quienes murieron y adjudicar después el éxito de la 'paz' a los primeros:

Otegi estaba en la playa, con su familia, cuando ejecutaron a Blanco. "Como un día normal" dijo

“La paz no es un buen negocio para los sectores que en el Estado consideraban que eso era posible de instrumentalizar para conseguir sus fines políticos”, explicó antes de lanzar la bomba definitiva: "¿Qué interés tiene el Gobierno en que se produzca el desarme de ETA? Yo te digo que ninguno. Están haciendo todo lo posible para que no se produzca (...), no les importaría que hubiera otro atentado en este país".

¿Quién ha salido ganado?

Dos décadas después, la figura de Blanco ya no dispone del consenso que en su día reunió, Otegi vuelve a ser el líder político del independentismo vasco, Podemos es la primera fuerza de implantación nacional capaz de entenderse con la vieja Batasuna y dirigentes abertzales encabezan o deciden gobiernos en Navarra, Pamplona o media Euskadi.

Y Arnaldo, el licenciado en Filosofía y Letras que llamó "jefe de los torturadores" al Rey Juan Carlos, podrá aprovechar el buen tiempo inminente para volver a la playa. A esa playa sin Blanco, asesinado hace 22 años ante los ojos atónitos de casi toda España. Todos ellos, sin embargo, será si puede los apoyos de Sánchez para seguir en La Moncloa. Ya le llevaron una vez, y ahora lo disumulan menos.

 

 

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