Iconoclastia y neobarbarie callejera

Esta demostración palmaria de los peores sentimientos antiespañoles parece contagiarse sin distancia social o máscara con la complacencia traidora de un gobierno carente de la idea de Estado

Naturalmente no es mi modesta voz la única que se alza a propósito de este brote de indigencia intelectual que, por el momento sin alcanzar dimensión pandémica, se extiende desde EEUU por el mundo tras la ignominiosa muerte de un ciudadano negro bajo la “bota” de un policía asesino. Y curiosamente, un religioso, el obispo alicantino Juan Antonio Reig (Cocentaina 1947) titular de Alcalá de Henares en la actualidad, ha venido a explicarlo con nitidez: es la vuelta de los bárbaros.

De manera que en la colección de neologismos y eufemismos tan del agrado de la asesoría publicitaria de la presidencia del gobierno español, “neobarbarie” postula por encontrar su ruidoso sitio en el panorama nacional.

“Se necesita un Estado” (It takes a State) proclama Francis Fukuyama desde el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Stanford, analizando con profusión la gestión de la crisis sanitaria, detectando la univocidad entre Estado y eficiencia. O lo que es igual, la estrecha relación entre populismo e ineficacia. Y el Council on Foreign Relations lo recoge y difunde, como The Hispanic Council -afortunadamente- se ha apresurado en lanzar la campaña #RespectHispanicHeritage en defensa de un patrimonio que no sólo es el material, de sitios, inmuebles y esculturas, sino también y especialmente relevante, el patrimonio hispánico inmaterial. El de la lengua, la tradición, los hábitos y costumbres; la cultura hispana en suma.

Me ha llamado la atención la coincidencia temporal y conceptual de tres instituciones tan distintas: Iglesia, Universidad y Sociedad civil, alarmadas por una misma cuestión trascendental, mientras el gobierno español calla. Tal vez, primer diagnóstico, por ausencia de Estado.

La enfermedad saltó de inmediato a Europa, a Londres, a París y hasta al municipio mallorquín de Petra. El infectado cero -infectada en esta ocasión- en España parece ser la alcaldesa Ada Colau y sus hipócritas remilgos con la estatua de Colón 

Lo cierto es que el tsunami iconoclasta con “paciente cero” en Minneápolis, tras el brutal asesinato, no parece controlado en origen pese al envío de la guardia republicana para la protección de monumentos urbanos y las amenazas de prisión para los alborotadores que, como medida propedéutica ensaya su populista presidente. Lo cierto es que la enfermedad saltó de inmediato a Europa, a Londres, a París y hasta al municipio mallorquín de Petra. Y lo cierto es, también, que el infectado cero -infectada en esta ocasión- en España parece ser la alcaldesa Ada Colau y sus
hipócritas remilgos con la estatua de Colón, aunque seguida muy de cerca por la diputada andaluza Teresa Rodríguez y la concejal de Feminismo y LGTBI (así es su sectaria denominación formal) del ayuntamiento palmense Sonia Vivas. (Cuestión de género, al parecer. Cuestión de populismo podemita, con toda seguridad).

En ocasiones, "se puede y se debe ir más allá de las leyes” mantiene una consejera de Consell Valenciaà de Cultura a propósito de la pretendida protección por razones de “memoria histórica” del cine Metropol de Valencia.

Recibo todos los días un excepcional argumentario, digno de la profundidad de los think tank arriba citados, y sin embargo de discreta difusión en las redes sociales, que el pasado domingo se ocupaba de las esculturas urbanas que están siendo vandalizadas por la ignorancia histórica y la cobarde manipulación por indignos dirigentes de una masa adocenada y violenta. Rememorando la romana “damnatio memoriae”, acababa sentenciando: “El plan de deshispanización de España es otra
fórmula para acabar con nuestro país como nación libre y soberana. Democrática y Constitucional”. Más razón que el propio fray Junípero Serra, cuya estatua conmemorativa en su pueblo natal apareció con una bolsa de basura en su doctoral cabeza de bronce. ¡Qué vergüenza!

Se ha oído decir en el último Pleno del CVC a una consejera propuesta por Podemos que “hay leyes injustas” y “que, en ocasiones, se puede y se debe ir más allá de las leyes” a propósito de la pretendida protección por razones de “memoria histórica” del cine Metropol de Valencia. Escandaloso pero cierto.

Esta iconoclastia callejera, esta demostración palmaria de los peores sentimientos antiespañoles parece contagiarse sin distancia social o máscara que la disimule, con la complacencia traidora de un gobierno carente de la idea de Estado.

Con los bárbaros en el poder y dispuestos a arrasar con su principal enemigo: la cultura.

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