18 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cuidemos la Copa

El partido "politizado" entre en Barcelona y Baskonia.

El partido "politizado" entre en Barcelona y Baskonia.

¿Qué pinta la independencia en la Copa del Rey en Gran Canaria? Nada. Pura provocación. Ganas de generar problemas. Porque ellos, los cantantes blaugranas, saben que provocan con el cántico.

Bien pudiera parecer, y con las críticas que ello va a conllevar cuento, que pongo el dedo en la anécdota y magnifico algo que ni siquiera llega a la categoría de problema. No. Entiéndase que amo el baloncesto y adoro la Copa del Rey. Es un fin de semana mágico, vibrante y emocionante en el que ocho aficiones se juntan en una ciudad para pasarlo bien y, ya de paso, jugar un torneito de baloncesto que, por qué no decirlo, es una pasada.

El 95% de las personas son muy sanotas, animan a su equipo, se toman sus cañitas, sus papas arrugás y compadrean unos con otros. Pero en todo grupo de diez mil personas siempre se cuelan cien o doscientos que confunden las churras con las merinas. No creo que la Copa del Rey sea momento de politiqueos. Todo está politizado y todo se trata desde un prisma parlamentario hoy en día. El fútbol, fachas unos, etarras otros, golpistas los de más allá, ya no se escapa; tendrán que aprender a limpiarlo. Pero el baloncesto, más o menos, se mantiene pulcro. Por eso que cuatro pelagatos se hagan 2.500 kilómetros para cantar por la independencia de Catalunya me toca tanto los cojones. Porque lo ensucian todo. Ensucian un ambiente sano, libre de humos, prejuicios y rencores. Un ambiente en el que, campos atrás aparte, conviven todos con todos sin que (casi) nunca pase nada.

Que cuatro pelagatos se hagan 2.500 kilómetros para cantar por la independencia de Catalunya me toca los cojones

Y a mí la independencia me la trae absolutamente al pairo, que conste. Es un tema que me aburre y que tendrán que solucionar los irresponsables que nos han traído hasta aquí. Que cada cual reivindique lo que le salga de la entrepierna, pero que lo haga en los lugares apropiados para ello. Y una Copa del Rey de baloncesto no es el lugar. Sé que os gusta pitar al Rey en la de fútbol y, mira, eso puede tener su cierta lógica. Tienes unas ideas contrarias a un estado, se te presenta la oportunidad de tocarle las entrañas al jefe del susodicho, y se las tocas. Fin. Perfecto, encaja. ¿Qué pinta todo esto en una fase final de la Copa del Rey en Gran Canaria? Absolutamente nada. Pura provocación. Ganas de generar problemas. Porque ellos, los cantantes blaugranas, saben de sobra lo que provocan con el cántico. ¿Quién me asegura a mí que no buscarán pelea más allá de los muros del Arena? Les costaría, en tal caso, encontrarla, porque afortunadamente los seguidores del deporte de la canasta somos gente pacífica. Socarrones y tocapelotas entre nosotros cuando corresponde, sí. Pero nada más allá.

Si nos juntamos solo por el deporte, el arbitro pitará y podremos seguir siendo tan amigos. Si politizamos esta vaina, el arbitro pitará y seguiremos siendo enemigos. Porque, queramos o no, todos estamos politizados, para un lado o para el otro. Da igual. Somos ratones girando sin parar la rueda y es algo de lo que no podemos escapar en el mundo real. Pero la Copa no es el mundo real, joder. Es nuestro juguete favorito. No nos lo jodáis.

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