Las cuatro guerras que la OTAN no quiere luchar

La Alianza Atlántica tiene "un centro de simulación y entrenamiento" en la ciudad noruega de Stavanger desde el que se diseñan conflictos ficticios que sirvan de entrenamiento a sus tropas

En los años 50 la Alianza Atlántica estaba preparada para el “Día D”, o quizás sería más apropiado decir para el “Día T” (de Tanque); lo que realmente quitaba el sueño en los cuarteles generales aliados era que miles y miles de carros de combate y vehículos acorazados del Pacto de Varsovia lanzaran un rápido y devastador ataque con el que atravesaran toda Europa hasta llegar al Atlántico.

La Unión Soviética disponía de 175 “divisiones” de carros de combate, lo que unido a las otras 62 que tenían los países comunistas de su órbita, hacía que la estimación –caso de llegar aquel ataque- fuera de un ejército de 237 “divisiones” de tanques. Un golpe relámpago que arrasaría Europa.

Para evitarlo, y con objeto de ir disminuyendo la capacidad de combate de aquellas divisiones rusas, la OTAN tenía previsto desplegar sus unidades lo más a vanguardia posible (hacia oriente) para ir desgastando el avance soviético con una combinación de obstáculos sobre el terreno y de fuego de artillería y aviación.

Ese era el plan. La clave del éxito radicaba en su sencillez…., y en su preparación: cada soldado de los ejércitos de la OTAN tenía asignada su trinchera para cuando llegara el “Día T”. Aquellas maniobras de despliegue en las posiciones de defensa solían repetirse cada año.

En 1989 cayó el “muro de Berlín” y la guerra para la que se había preparado la OTAN dio paso a otras: EEUU desplegó fuerzas en conflictos africanos, cazas de la Alianza bombardearon los Balcanes… estaba todo demasiado revuelto… y en esto llegó el 11-S: el terrorismo yihadista golpeó con fuerza y se abrieron los escenarios de Afganistán e Irak.

Los mapas de defensa de Europa que se diseñaron para detener una posible invasión rusa aún siguieron unos años pegados en las paredes de los búnkeres sin que ya nadie los mirara. Aquellos papeles envejecían y caían al suelo. Los planes que durante varias décadas fueron ensayados dejaron de ser útiles.

A finales de los 90 la OTAN tomó la decisión de crear un centro que estudiara los posibles conflictos futuros y que diseñara escenarios que sirvieran a sus tropas para estar preparadas. El Centro Conjunto para la Guerra es donde la Alianza Atlántica ha adaptado diversas situaciones ficticias (pero con geografía real) para la formación de sus ejércitos.

En concreto, y según informó dicho centro en una publicación editada con motivo del 15 aniversario de su creación, se han diseñado cuatro escenarios.  

En primer lugar tenemos a SKOLKAN, “territorio” que engloba Noruega y la región Báltica. Allí resulta que existe un país muy grande y muy poderoso (que no se llama como estás pensando) que amenaza y llega a invadir países de la Alianza. Este escenario ya se utilizó en unas maniobras a finales de 2018 en el que simulaba la invasión de Noruega por parte de “ese” enemigo, precipitando la proyección y despliegue de la Fuerza de Respuesta de la OTAN.

El segundo escenario es SOROTAN, una región en medio del continente africano, donde las luchas étnicas y el control por los recursos naturales provocan invasiones, muertes y miles de refugiados. La “crisis humanitaria” obliga a la comunidad internacional a reaccionar y se solicita a la OTAN el envío de una fuerza de imposición de la paz.

Seguimos con las regiones “ficticias”: justo en el Polo Norte está OCCASUS. Allí un país OTAN será invadido y todos los aliados tendrán que defenderlo en condiciones climatológicas extremas.

Y por último, en un área que va del Mar Mediterráneo hasta el Mar Negro, la región de FIKSO, la cual incluye diversos “puntos calientes” que obligarán a la Alianza Atlántica a realizar operaciones antiterroristas, de rescate de rehenes, ayudas en desastres humanitarios y operaciones militares contra milicias irregulares.

Al igual que en la Guerra Fría los planes de defensa se definieron con la esperanza de no tener que sacarlos jamás de la caja fuerte, ahora la OTAN se entrena para estas otras cuatro guerras también con la esperanza de no tener que lucharlas jamás. Hay, eso sí, una diferencia importante.

En los años 50 a un oficial de la OTAN se le instruía para un conflicto en concreto, uno y sólo uno. Si me permitís el símil, en la Academia Militar le enseñaban a jugar al fútbol, con unas reglas claras y con un equipo contrario bien definido sometido al mismo “reglamento”.

Ahora no es sólo que no se sepa dónde va a estallar un conflicto armado, es que tampoco puede saberse –a priori- en qué tipo de operación se va a emplear esa fuerza militar: no es lo mismo una ofensiva contra un ejército convencional, que una operación de imposición de la paz, que una operación de embargo u otra antiterrorista.

Ahora hay que aprender a jugar al balonmano en SKOLKAN, al tenis en SOROTAN, boxear en OCCASUS y encestar en FIKSO. Distintos conflictos, con enemigos variopintos e infinitas normas, que es lo mismo que decir ninguna. ¿Voy a poder tocar el balón con las manos o no? ¿Fútbol o baloncesto?

Insisto. Cuando se creó la Alianza Atlántica un teniente coronel, por ejemplo, al mando de un batallón de un país de la OTAN sabía jugar –muy bien- al fútbol tras años y años de formación y de repetir las mismas maniobras.

Ahora tendrá que adaptarse  no sólo a las canchas de juego de SKOLKAN, SOROTAN, OCCASUS y FIKSO, sino también al “reglamento” y las tácticas del deporte que le va a tocar jugar. Si tiene que boxear en OCCASUS no podrá sacar la raqueta con la que entrenaba para SOROTAN.

Ya veis que hoy en día la guerra se ha puesto más difícil, pero bueno, no todo es peor si recordamos un dato que no os había dado: frente a aquellas 237 divisiones soviéticas, la OTAN sólo podía hacerle frente con 35, así que bueno… tampoco me cambio por un oficial de aquella época.

*Experto en Seguridad y Geoestrategia.

 

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