30 de marzo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez empujó a la gente a manifestarse sabiendo del peligro de contagio

Es un acto incalificable que está ya demostrado, el Gobierno prescindió de la cautela sanitaria y promovió concentraciones masivas el 8M que ahora pagamos con el coronavirus desatado.



 

 

Apenas 24 horas después de que Pedro Sánchez en persona animara a la ciudadanía a manifestarse en las calles de toda España por el 8M, el mismo Gobierno que hasta el domingo completaba ese mensaje con un llamamiento a la tranquilidad general; ha tomado decisiones típicas de una emergencia sanitaria sin precedentes.

De repente, estarán prohibidos los eventos con más de mil personas en Madrid, Vitoria y La Rioja, una medida que se extenderá sin duda a buena parte de España. Los espectáculos deportivos se celebrarán a puerta cerrada y muchos de los culturales se anularán. Y los vuelos desde Italia estarán directamente suprimidos.

También se asumirá desde el Estado una parte de las bajas laborales previsibles y, entre otras medidas, se implantarán bonificaciones o aplazamientos a las empresas para superar la crisis económica que, sin duda, acompaña ya a la sanitaria. Todo eso en un contexto en el que, además, las Comunidades Autónomas toman sus propias medidas, con el cierre de colegios a la cabeza.

 

 

Es decir, estamos ante un paisaje de absoluta emergencia nacional  que, en realidad, ya existía cuando Sánchez miró para otro lado, hizo a sus colaboradores fabricarle una tapadera pseudocientífica y, con todo ello, empujó a cientos de miles de personas a lanzarse a un espacio masificado e incompatible con la prevención médica.

Una terrible irresponsabilidad

No se le puede culpar al presidente de la llegada del coronavirus, pero sí de su extensión y de haber engañado, de manera premeditada, a la opinión pública: el domingo ya se era perfectamente consciente de la magnitud de la pandemia y del crecimiento que estaba experimentando. Es un insólito acto de irresponsabilidad que no puede quedar impune.

Ahora toca respaldar al Gobierno, tal vez, pero cuando la crisis pase, lo procedente será exigirle cuentas e imponerle el castigo parlamentario máximo que se pueda lograr.

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