Combatir las fake news

Retorcer un hecho hasta simular una falsa verdad genera indignación y muchos clicks, y por tanto, mucho dinero para los dueños de estas falsas webs de ‘noticias’

Lo reconozco, me la han colado alguna vez, pero sólo alguna. El alarmante aumento de las fake news y su vertiginoso ascenso tal y como pronostican algunas consultoras que ya vaticinan un 50% de falsas noticias en 2022, amenaza con poner en jaque a nuestra democracia y con arruinar más de una carrera política.

Las fake news, o falsas noticias (que no noticias falsas, pues no tienen carácter de noticia sino de mentira o de broma) no son más que una manipulación escrita de manera que, a ojos de un lector inexperto y a menudo cabreado, pueden resultar reales.

¿La intención de estas noticias? Conseguir muchos ‘clicks’ que a su vez se venden como tráfico a grandes plataformas de Internet que insertan publicidad en las webs que más visitas tienen. El lector ya no se sorprende con las noticias de siempre, las de presupuestos, corrupción o las del día a día político.

El lector consume morbo y sorpresa. ¿Quién no ha entrado a leer el motivo por el que la princesa Leonor siempre lleva coletas o el porqué el cambio climático arruinará la producción mundial de cerveza? Siempre son estas noticias las más leídas, junto con los sucesos o las de titulares exagerados que luego al leer la noticia entera quedan más que puestos en entredicho.

Algunos medios se han dado cuenta de que el morbo vende, y a ello se dedican. Venden morbo, curiosidad y polémica muy dura. No obstante, esto último no podríamos encuadrarlo en la categoría de fake news, pues al fin y al cabo no son más que noticias más o menos simpáticas que sin revestir un especial interés no dejan de ser verdad.
Las fake news son mentiras o verdades a medias exageradas convenientemente para indignar al lector. ‘Porqué las feministas son más feas que las mujeres normales’ o ‘Las universidades públicas no cobrarán a los inmigrantes´ son algunos ejemplos.

Confieso que piqué en el segundo de ellos, y después de contrastar la noticia pude saber que no es que los inmigrantes en su conjunto no dejarían de pagar universidad, sino que los considerados legalmente como refugiados (después de un largo y muchas veces infructuoso proceso legal) serían incluidos junto a otros colectivos, como las victimas del terrorismo, en el que no pagarían la matrícula de las universidades vascas.
Pues bien, la noticia corrió como la pólvora por media España sin pararse a leer la letra pequeña. Retorcer un hecho hasta simular una falsa verdad genera indignación y muchos clicks, y por tanto, mucho dinero para los dueños de estas falsas webs de ‘noticias’. Este tipo de desinformaciones no hacen más que enfadar a la ciudadanía, consiguiendo en muchas ocasiones el auge de movimientos populistas que amenazan a nuestras democracias europeas y del siglo XXI.

No deja de ser triste, o al menos a mí me lo parece, que en la era de la comunicación donde estamos a un segundo de cualquier parte del mundo, consumamos una información cada vez más mentirosa y cargada de mala intención.

Ni todo lo escrito en Internet es verdad ni por el hecho de estar publicado en Facebook o Twitter es cierto. Contra todo ello, y para cuidar y mimar a nuestra democracia, conviene no callar ante los bulos. Conviene contrarrestarlos, leer medios consolidados, no fiarse de los titulares exagerados, y sobre todo, leer de todo.

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