13 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La amenaza de Torra

Torra incita a la insurrección apelando a Eslovenia, a sabiendas de que entre todos los muertos y heridos de aquel conflicto en los 90 no hubo ningún político como él.

 

 

"Los catalanes hemos perdido el miedo. No nos dan miedo. No hay marcha atrás en el camino a la libertad. Los eslovenos decidieron seguir adelante con todas las consecuencias. Hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo para vivir libres". Ésta es la última de Torra, el Molt Honorable President de la Generalitat devenido en solícito palanganero del fugado Puigdemont.

Directamente, una indisimulada invitación a la guerra. Porque eso fue lo que el fanático Torra llama “camino a la libertad”, una guerra entre eslovenos y yugoslavos, con decenas de muertos y heridos, de uno y otro lado, entre soldados y civiles.

Siempre es fácil hablar de muertos cuando lo serán los hijos de los demás. Pero no subestimemos el peligro de un canalla, por ridículo que nos parezca

Aunque supongo que ahí está la clave de la firme heroicidad de Torra: el dato sabido de que no hubo ningún político entre las bajas. Que los muertos los pongan los hijos de la masa fanatizada que le sigue, ese nuevo Frente de Juventudes, ahora llamado CDR, formado por los hijos adoctrinados en el odio de unos padres que han hecho de la servidumbre voluntaria su bandera.

Gente de orden, por el día, y por la noche, disciplinados camisas amarillas, animadores de Marchas de Antorchas (aunque, afortunadamente, modelo más charlotada que teutón, por ese tierno contraste entre tanta hormona adolescente desatada y la edad provecta de la mayoría de sus portadores).

 

Así defendía ya hace años el modelo esloveno TV3

 

Eso sí, a cambio de la sangre de sus amados compatriotas, el heroico Torra no sólo contribuirá a la Santa Causa con la épica de sus palabras, sino también sangrando calorías durante cuarenta y ocho horas de ayuno (ni una más) en ese Valhalla patrio que es Montserrat.

El peligro de un canalla

Siempre es fácil hablar de muertos cuando lo serán los hijos de los demás. Pero no subestimemos el peligro de un canalla con mando en plaza, por ridículo que nos parezca. Más sonriente y mofletudo era Göring, y aún menos marcialidad que Torra tenía Himmler, y ya sabemos cuál fue el resultado.

En todo caso, recordemos que el delito no exige la consumación para su castigo. Y que hoy, como ayer, el 155 sigue ahí como primera línea de defensa de la democracia. Y quizás más que ayer, porque hoy ya ni siquiera hay falsas sonrisas que disimulen el insoportable desafío de la amenaza a nuestra libertad.

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