Valencia capitaliza la Pasión de Cristo con su esponja

La reliquia más importante de la Pasión de Cristo se encuentra en Valencia. La esponja empapada en vinagre con la que dieron de beber a Jesús habita, desde hace casi seis siglos, en la Catedral de Valencia. Una reliquia que ha sobrevivido, entre otras, a la Guerra de la Independencia o a la Guerra Civil.

Una de las reliquias más asombrosas de la cristiandad es, sin duda, la Esponja con la que se mojó los labios a Jesús en vinagre cuando estaba en la Cruz. Parece que algún recopilador de recuerdos friki de la época decidió guardar dignamente dicha esponja y pasó a la posteridad de la historia católica. Pues bien, la catedral de Valencia alberga entre sus muros un relicario cuyo interior contiene un trozo de dicha reliquia. ¡Como lo oyen! Un testimonio físico de tanta importancia como el Santo Cáliz, que también descansa en la ciudad del Turia.

El origen valenciano de la Esponja santa hay que buscarlo, como ustedes ya habrán intuido, en la época en que el Reino de Valencia fue el centro del mundo conocido, un imperio que trascendía la península. Fue Martín el Humano quien hizo la primera petición para que la mencionada reliquia llegase a la ciudad. En años posteriores, durante el siglo XV, las crónicas ya registran la Esponja en la catedral, dentro del mismo relicario que hoy la contiene.

Esta obsesión por las reliquias, que convirtieron Valencia en una de las ciudades con reliquias más importantes de la cristiandad, se inició con el reinado de Martín el Humano, cuya devoción temían incluso en Roma. Este rey llegaba a oír tres misas diarias y a rezar las horas y los oficios como un presbítero. Su herencia de reliquias fue la más prolija de toda la Corona de Aragón.

Hoy día, igual que en el siglo XV, la reliquia de la Esponja se encuentra dentro de un cristal de roca decorado con motivos vegetales y culminado con una corona con florones. Como dato curioso hay que mencionar que el relicario aún conserva su formato original, e incluso el cordón rojo con el sello de lacre del mismo color, que cuando fue encerrada en su interior.

La autenticidad de la reliquia ha sido confirmada en varias ocasiones. Una de las últimas se debió a una carta hallada en el convento de la Madre de Dios de Baena, en Córdoba. En esta epístola, Vespaciano Gonzaga Colonna, tras la muerte de su mujer, escribe al papa San Pío V, confirmándole la existencia de la reliquia y su interés por ponerlo en conocimiento de la máxima autoridad eclesiástica. Vespaciano llegó a ser Virrey de Valencia en el siglo XV, durante el reinado de Felipe II. Su mujer fue Ana de Aragón, heredera de la reliquia, entroncaba directamente con los últimos reyes de Valencia.

A pesar de las guerra de la Independencia y de la Guerra Civil, la reliquia no fue profanada y hoy se encuentra a disposición de los fieles en la Catedral de Valencia.

Esta esponja es, junto a otro trocito de la esponja recogido en París, en la Saint Chapelle, la más importante de las reconocidas por la Iglesia Católica.

Recordemos, siquiera para terminar, el pasaje de las escrituras donde se nombra la reliquia. Un texto muy presente en los reyes Martín, Fernando y Alfonso.

"Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Había allí un botijo lleno de vinagre. Fijaron en una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la llevaron a la boca. Cuando hubo gustado el vinagre, dijo Jesús: Todo está acabado, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu."

Evangelio según Juan 19, 28-31

Vicente Javier Más Torrecillas. Doctor en Historia Contemporánea. Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. 

 

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