24 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Asalto a la Justicia: donde pisa Atila Sánchez ya no vuelve a crecer la hierba

El desolador nombramiento como Fiscal General de una ministra de Justicia relacionada con Garzón y Villarejo tensiona las costuras democráticos y demuestra que Sánchez no tiene límites.

 

 

Los posados de los ministros, uno a uno, recorriendo a pie unos metros ante La Moncloa, más propios de un pase de modelos que de un Gobierno... La foto de familia en las heladas escalinatas del palacio... Las ñoñas cartas remitidas por Pedro Sánchez a los 22 miembros del Consejo de Ministros con la propuesta de trasladar su cita semanal a los martes, en lugar de los viernes, como era habitual...

Todo eso constituyó la comidilla del día, aunque en ningún caso puede distraer del asunto principal: el intento de dominar las instituciones, reavivado con descaro desde el primer día del renovado mandato del presidente.

¿Desjudicialización?

De hecho, su agenda, marcada por  los tratos con sus costaleros independentistas, necesita, para ir pasando las hojas del calendario, lo que se ha venido a llamar abiertamente la “desjudicialización” del procés. Es decir, tener un poder judicial sometido

El salto, sin perder tiempo, de Dolores Delgado desde el Ministerio de Justicia a la Fiscalía General del Estado muestra las intenciones de Sánchez. Desde el Ejecutivo se daba por descontada la tormenta por el nombramiento de la reprobada amiga de Baltasar Garzón y del comisario Villarejo.

 

 

Y no han hecho muchos esfuerzos por desactivarla. Consideran las críticas “irracionales” y remiten a la “solvencia” curricular de la ex ministra. “El presidente cuida de los suyos” es la excusa favorita de los fontaneros monclovitas. Escucho, estupefacto, lo que me sueltan desde el entorno del líder socialista: “La Justicia ya está politizada”. Todo arreglado, entonces. No hay mayor descaro

Tan exuberante afirmación anticipa, sin duda, un desolador panorama. Se intenta dar otra vuelta de tuerca a las ya forzadas costuras institucionales. Así las cosas, vaticino que con Sánchez la seguridad jurídica va a quedar muy tocada. Veremos si no hundida.

 

Por extensión, claro, esto afectará a la calidad misma de la democracia. ¿Cómo entenderla sin que se sostenga en la independencia de los poderes? Poco parece interesar al presidente el pantano de tierras movedizas en el que nos mete.

Sánchez es lo único importante para Sánchez. Así que, consciente de que tiene por delante distintos muros de contención, no ha dudado un instante en iniciar su asalto por la vía de los hechos consumados. El objetivo es lograr una justicia “acomodada” a las circunstancias políticas del momento. 

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