15 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Maldita hemeroteca: los insoportables trucos del "Kennedy" de La Moncloa

Concentrado en posar y cincelar una imagen kennediana, a Sánchez se le olvida su discurso de regeneración: la hemeroteca es un terrible viaje al corazón del sanchismo.

 

 

Para alguien como Pedro Sánchez, capaz de dejar escrito hace un año en su ‘Manual de Resistencia’ que acoger al barco Aquarius justificaba su paso por la política, y de dejar varado este mes al Open Arms desde su retiro vacacional en Doñana, no ha debido resultar especialmente incómodo ningunear al Congreso de los Diputados tras haber prometido en su discurso de la moción de censura “devolver la dignidad a las instituciones y el papel central al Parlamento”.

Sin embargo, como en tantas ocasiones en su todavía corta carrera política en la primera línea, a Sánchez y a la actual cúpula del PSOE, diseñada a su imagen y semejanza, les persigue el más ejemplarizante de los tribunales: la hemeroteca.

Las fotos

Pese al esperpento del Open Arms y la pelea con el gobierno italiano con las normas  europeas en entredicho, pese al pavoroso incendio de Gran Canaria, pese a la crisis de salud pública de la listeriosis, pese a un bloqueo político que abochorna a todos los españoles, Sánchez se niega rotundamente a dar la cara en la Cámara Baja.

Le bastan su cuenta de Twitter, esas fotografías tan de su gusto desde que es el inquilino de La Moncloa -qué decir del bochornoso posado con el contingente aéreo antiincendios detrás- y los minutos de gloria en los telediarios de Rosa María Mateo.

Aunque solo sea para compensar el costoso disfrute del Falcon, cabría la esperanza de que el presidente en funciones y sus ministros se pasen por el Parlamento

Pero, ya se sabe... cada uno es dueño de sus silencios -como el que esconde este insólito boicot al Parlamento- y esclavo de sus palabras. Y el PSOE del “otro” Pedro Sánchez (aplicando la peculiar teoría  de Carmen Calvo sobre el desdoblamiento de personalidad del líder socialista) lo tenía más claro. Así lo decía su entonces portavoz parlamentaria Isabel Rodríguez cuando quien estaba “en funciones” era Mariano Rajoy:

“Dejen de lado la huida hacia adelante del Congreso. Se deben a él, tienen que estar ahí y someterse al control de la Cámara”, bramaba la joven diputada sanchista. Y aún iba más allá aquel PSOE, llamando a regenerar la -a juicio de Sánchez y los suyos- agonizante democracia española: “Rajoy", remachaban, "tiene que comparecer para dar explicaciones a los españoles. Y por estar en funciones, está más obligado a ello”.

 

Pero ahora a Pedro Sánchez -y a Iván Redondo, el guardián de su estrategia de desgaste a Podemos por “aburrimiento”- le viene mal explicarse ante los españoles y justificar su enésimo “donde dije digo...”.

Poco importa que los ministros se nieguen a desfilar por el Congreso al mismo tiempo que se fotografían en actos de una agenda solo al servicio de la partidista hoja de ruta mediática del jefe. Ni que 350 diputados lleven dos meses cobrando su abultada nómina sin acercarse al Palacio de la Carrera de San Jerónimo.

Aquellas contradicciones

Los españoles agotan su última semana vacacional de agosto. Los que pueden disfrutar de vacaciones. Y con el inicio de septiembre y la vuelta a la rutina, muchos de ellos van a volver la mirada a su clase política. Lógicamente, alguna explicación esperan.

Para tranquilidad de la vicepresidenta, ya ni siquiera buscan que Sánchez defienda lo que pensaba cuando solo era el líder del Partido Socialista ni lo que sostiene ahora que preside el Gobierno de España.

Pero, aunque solo sea para compensar el costoso disfrute del Falcon, que pagamos todos, les cabría la esperanza de que el presidente en funciones y sus ministros se pasen por el Parlamento. También lo sufragan esos millones de ciudadanos a quienes nadie dispensa de acudir “al tajo” a cumplir cada día.

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