13 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Estalla el Parlamento

Rufián y el resto de diputados de ERC, este miércoles, abandonando el Congreso.

Rufián y el resto de diputados de ERC, este miércoles, abandonando el Congreso.

El Parlamento es lugar, por su propia denominación, para hablar. No, desde luego, ni para plantear ocurrencias, desplantes ni operaciones de propaganda e imagen.

Pocas veces, quizá nunca desde la tarde aciaga del 23 de febrero de 1981, había vivido, en mi larga carrera de mirón en las Cortes, una situación de tensión como la de la mañana de este miércoles, cuando, en sede parlamentaria, quedó reflejado el clima de tensión que se estaba viviendo, en esos mismos momentos, en las calles de Barcelona.

La sesión de control al Gobierno terminó borrascosamente cuando el diputado de Esquerra, Gabriel Rufián, se superó a sí mismo en su habitual talante al exigir a Rajoy que “quite sus sucias manos” de las instituciones catalanas. A continuación, los parlamentarios de ERC abandonaban el hemiciclo, apenas tras escuchar la réplica de un Rajoy que, muy serio y bastante contenido, repetía que él solamente respeta la legalidad y las decisiones judiciales.

No, no parece que el Parlamento, en estos momentos de especial gravedad que vive el país, esté cumpliendo escrupulosamente el papel requerido

Tampoco convenció ello –por supuesto, todo estaba ya milimetrado y bien milimetrado—a los diputados del PdCat, que se levantaron y anunciaron que se plantearán si regresar alguna vez al ‘Parlamento español’. Se consumaba la ruptura, mientras el diputado catalán de Podemos Xavier Doménech, el ‘número dos’ de Ada Colau, lanzaba, desde su escaño, nuevos venablos indignados al Gobierno.

Faltaban diez días para que ocurra lo que haya de ocurrir –que algo va a ocurrir, en esos coinciden todos—en una Cataluña llamada por la Generalitat a un referéndum separatista que el Gobierno español, y las instituciones, y la Unión Europea, y buena parte del mundo occidental, condenan. La rebelión se extendió este miércoles, por tanto, al Parlamento español, tras haberse evidenciado días atrás la que afectó al Parlament catalán.

En la Ciudad Condal, las fuerzas de seguridad irrumpían al mismo tiempo en dos consellerías y detenían a algunos altos funcionarios, mientras gentes, convocadas por la CUP y por la Assemblea, se congregaban con gritos de ‘independencia’ (entre otros, dirigidos contra la justicia española), para protestar contra esta intervención y estas detenciones, que culminaban una serie de medidas por parte del Gobierno central, incluso hacendísticas, para impedir la consulta.

Esta es la crónica apresurada de lo que ocurría en la superficie. El Parlamento español, viviendo momentos convulsos, con Rajoy asegurando que el referéndum no puede celebrarse y confesando que su ‘interlocutor Puigdemont’ no se aviene a razones; los diputados separatistas catalanes, abandonando ruidosamente el hemiciclo; la Guardia Civil, incautando propaganda y otros elementos necesarios para el referéndum, y deteniendo a destacados funcionarios de la consellería de Economía; las calles barcelonesas, llenas de manifestantes airados; una mayoría de alcaldes, que, sin embargo, no representan a la mayoría de la población, consumando su actitud levantisca… ¿No estamos ante una situación de sedición?

Y, a todo esto, los parlamentarios ayer divididos por la mayor o menor inoportunidad de una iniciativa, presentada por Ciudadanos, pidiendo, sin que el propio Gobierno se lo hubiese solicitado, un apoyo incondicional a lo que el Ejecutivo de Rajoy haga en estos momentos. No se entendía muy bien la razón por la que el partido de Rivera presentó esta iniciativa, que puso en un aprieto a los socialistas, que, diciendo apoyar al Gobierno, tampoco podían apoyar una declaración de apoyo sin reservas a un Rajoy a quien, hasta hace unas semanas, el secretario general del PSOE insistía en que había que ‘enviar a la oposición’.  

Más grave aún, por supuesto: el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, hablando, ante las detenciones en Barcelona, de que ahora hay en España “presos políticos”. Más madera a la hoguera de las vanidades.

No, no parece que el Parlamento, en estos momentos de especial gravedad que vive el país, esté cumpliendo escrupulosamente el papel requerido. Incluso la propuesta lanzada hace varios días por el grupo socialista, planteando crear una comisión que aborde soluciones al problema catalán, solamente comenzará a tramitarse…tras el 2 de octubre. Para entonces, muchos despropósitos se habrán consumado.

De momento, el papel del Legislativo quedó ayer seriamente en entredicho. El Parlamento es lugar, por su propia denominación, para hablar. No, desde luego, ni para plantear ocurrencias, desplantes ni operaciones de propaganda e imagen. Ni para una política oportunista de partidos. No está el horno para esos absurdos bollos. Confieso que abandoné con bastante tristeza y preocupación el edificio de las Cortes, con la sensación de que, una vez más, se había hecho allí Historia. Para mal, por supuesto.

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