Vuelta al colegio

Como padres debemos ponernos en el lugar de nuestros niños, lo que los psicólogos llamamos empatizar, y ayudarles a poner nombre a todas las emociones que están sintiendo

Cuando era pequeña -soy de la generación de los 60-  la vuelta al colegio era una continuidad de las estaciones del año. Se había acabado el verano y empezábamos el colegio.

Los recuerdos del colegio son agradables, incluso el cambio de colegio con 9 años, por motivos de cambio de la Ley de Educación. Inicié la Educación General Básica (EGB). No lo recuerdo como algo angustioso. Supongo que en su momento lo sentiría así, pero ahí estaban mis padres para darle la mayor normalidad a la situación que íbamos a superar, tanto mi hermana, como yo.

Como decía antes, de los días previos a los inicios de colegio, lo que más me gustaba era el olor a los libros nuevos, forrarlos y poner nombres a todo el material escolar.

Los veranos se acababan, de repente, y cogías la rutina del colegio, sin más, apoyada siempre por el sentido común que aplicaban la mayoría de los padres de entonces.

En la actualidad, el inicio de la escolaridad y/o la vuelta al colegio lo hemos magnificado. En unos casos porque los horarios versus las necesidades de padres e hijos, son incompatibles con la vida real que llevamos la mayoría de familias con hijos en edad escolar.

Por otro lado esta angustia que genera a los padres la vuelta a las rutinas laborales y familiares, compatibilizar horarios de padres, abuelos, escuelas infantiles, colegios, canguros, actividades extraescolares… todo esto hace que perdamos la perspectiva y no nos paremos a planificar con tranquilidad y aplicando el sentido común, con lo que hacemos de septiembre un mes caótico que, por suerte, acaba recolocando a cada uno y a cada cosa en su sitio.

Lo que debemos hacer como padres en los días previos a la vuelta al cole es ponernos en el lugar de nuestros niños, lo que los psicólogos llamamos empatizar,  y comprender que estén nerviosos, que pasen de la alegría por lo que implica el volver a ver a los amigos a la tristeza por  la pérdida de la libertad del verano, en todos los sentidos: juegos, ausencia de horario rígidos, viajar , estar con los abuelos, primos, amigos…

Como PADRES debemos ayudarles a identificar, expresar, poner nombre a todas las emociones qué están sintiendo. Es importante para ellos y, sobre todo, porque cuando uno conoce lo que le pasa es capaz de enfrentarse mejor al nuevo curso que se abre ante él.

Y lo escribo con mayúsculas porque somos nosotros, los padres, quienes debemos y  tenemos la obligación de formar  hijos autónomos, que sean responsables de sus cosas y sus actos para saber desenvolverse en la sociedad, a la que debemos devolver a nuestros hijos, ya no siendo NUESTROS, sino ELLOS. Es decir, personas autónomas y que sepan decidir por sí mismos, aunque cometan errores, como hemos cometido todos a lo largo de nuestra vida.

Esto se consigue dejando que en cada etapa evolutiva por las que todos vamos atravesando sepamos qué pueden hacer, ellos y nosotros, y qué ya no toca que hagan, ni ellos ni nosotros.

No es lo mismo un niño de 3 o 4 años, que está cursando la etapa de educación infantil y puede llevar al colegio algún juguete u objeto  de transición casa–cole. Mientras que los niños de 8 y 9 años ya no necesitan de dicho juguete u objeto, pero sí los seguimos acompañando hasta la puerta del colegio y esperamos a que entren al centro escolar.

Y cuando hablamos de chicos y  chicas de 12 años hasta final de la ESO, ya podemos dejarles que acudan solos al centro escolar y si les acompañamos por motivos de lejanía del lugar de residencia al colegio, los dejamos en una esquina y que se reúnan con los compañeros que están esperando a entrar al colegio.

Esto implica lógicamente, que los padres deben saber estar y acompañar a los niños y adolescentes dando prioridad a lo esencial como es:

  • Trasmitirles la seguridad de que pueden contar con los padres para cualquier problema que pueda aparecer.
  • Ofrecerles las rutinas y límites necesarios para ayudar en la expresión emocional.
  • Reforzarles las conductas positivas.
  • Expresarles confianza en las capacidades de sus hijos, evitando la sobreprotección.

Todo lo anterior son habilidades que  favorecen la capacidad de afrontamiento de nuestro hijos a las nuevas situaciones.

*Psicóloga Infantil.

 

 

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