Valencia mató la felicidad y la Constitución



La Constitución de 1812, pionera del constitucionalismo español, fue derogada en Valencia, en el Palacio de Cervelló, junto a Capitanía General. Ello supuso tumbar el derecho que dicha carta otorgaba a los ciudadanos para ser felices, según el artículo 13. Siglo y medio después, el valenciano Emilio Attard sería protagonista de la Constitución del 78, la que ahora disfrutamos.

España ha tenido siete constituciones antes de la del 78, que es la que disfrutamos en la actualidad. Constituciones que han ido parejas al vaivén de los avatares políticos que sacudían a este país, sobre todo durante el siglo XIX. Un siglo en el que Valencia, su reino entero, también fue protagonista de los acontecimientos más importantes que sucedían en España. Ora Valencia, ora Sagunto, estuvimos presentes en los hitos que marcaron la historia de toda la nación.

Uno de los más singulares sucedió a principios del mencionado siglo XIX. Valencia se cargó de un plumazo la felicidad de los españoles merced al derogamiento de la Constitución de 1812. Un artículo curioso, el 13, en el que se promulgaba que “el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. Pues bien, dos años después del nacimiento de la principal de nuestras constituciones llegaba Fernando VII del exilio hasta Valencia para tumbar la Carta Magna.

No debía estar muy seguro de lo que hacía el rey Borbón, porque en el más absoluto de los secretos firmaba, el 4 de mayo de 1814, en el Palacio de Cervelló, al lado de Capitanía General, el decreto por el que quedaba derogada la Constitución. Fernando, que no era muy dado a cumplir sus promesas, había jurado respetar y cumplir con dicha Carta.

Cuando el ejército de Napoleón fue abandonando la Península, el gobierno de Cádiz, ciudad que no fue defendida por el valiente monarca, reclamó la vuelta de Fernando para ponerse al frente del país. Sin embargo, los absolutistas confabularon en torno al famoso "Manifiesto de los Persas", pidiendo la abolición de todo lo relacionado con las Cortes de Cádiz. Así que, de buenas a primeras, los avances liberales de la Constitución quedaron en agua de borrajas, al igual que la felicidad que se había ganado por derecho.

En Valencia decidió residir durante casi un mes el nuevo Rey, que fue vitoreado a su llegada por decenas de vecinos a las puertas del Palacio Cervelló. Junto al general Elío, elegido por los diputados de Cádiz para reconquistara el Reino de Valencia de manos de los franceses, preparó la vuelta al poder y la persecución de los liberales, entre los que se encontraban valencianos ilustres como Joaquín Villanueva o el juez Borrull.

No ha pasado desapercibida la participación de los valencianos en las diferentes constituciones que han tenido lugar en España. En la última, la más longeva sobre nuestro solar patrio, otro valenciano, Emilio Attard, diputado de la UCD, ganó protagonismo al transigir el cambio de la denominación Reino de Valencia por la de Comunidad Valenciana. Un hecho, éste, significativo, sobre todo si tenemos en cuenta que la Constitución, en su articulado, sí define la indisolubilidad del país pero no explica ni enumera las nacionalidades y regiones que lo conforman.

Y para finalizar, dos detalles que no muchas personas conocen. Por un lado, el protagonismo semi-anónimo de Camilo José Cela, que fue el encargado de la corrección literaria del texto final de la Carta Magna del 78. El ganador del Premio Nobel participó también activamente en los debates previos a su realización.

Por otro, el orgullo de que una institución valenciana, El Tribunal de las Aguas, es el único ente jurídico que ha sido respetado por todas las constituciones de España, manteniendo su independencia a lo largo de los distintos textos constitucionales y la idiosincrasia valenciana en el conjunto.

Vicente Javier Más Torrecillas. Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Doctor en Historia Contemporánea

 

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