07 de junio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El periódico de Podemos desata otra ofensiva: ahora le toca a Ana Rosa Quintana

Ana Rosa Quintana y Pablo Iglesias

Ana Rosa Quintana y Pablo Iglesias

El partido de Iglesias incrementa su campaña contra los medios de comunicación críticos y los periodistas que no le gustan: ahora le toca a la reina de Telecinco.

 

 

A Pablo Iglesias no le gustan los periodistas ni los medios de comunicación, aunque se hizo célebre gracias a ellos. Su trayectoria está jalonada de desprecios, resumida en su famosa frase contra la mera existencia de medios de comunicación privados.

Y en plena pandemia, esa obsesión se ha multiplicado hasta el infinito, con el inquietante añadido de que el Gobierno ha emprendido una "campaña nacional contra los bulos" que suena a excusa para perseguir a los críticos. El último ejemplo ha sido escandaloso: Pablo Echenique publicó un amenazante mensaje contra un periodista, incluyendo su fotografía para que fuera fácil su identificación.

 

Más que una manía, ya es una estrategia, y parece que no se prescinde del uso de recursos institucionales para darle difusión y poderío. Aunque solo sea porque quienes lanzan esos desprecios son todo un vicepresidente o todo un portavoz; tomárselo como simples bravatas de antisistema ya no es una opción.

Y para completar la jugada, Podemos ha impulsado un periódico propio, Última Hora, dirigido por una exasesora de Pablo Iglesias en persona. Y es ahí donde ha habido un nuevo señalamiento, y de alguien de mucho peso: nada menos que Ana Rosa Quintana.

Contra la reina de las mañanas de Telecinco se ha desatado una campaña en toda regla, sirviéndose de un analista fake, tan conocido en las redes sociales como renuente a desvelar su identidad: por muchos galones que se les den, todos aquellos que no pongan su foto ni firmen con su nombre, pueden y deben ser considerados trols:

 

 

Lo que sale de esa boquita contra Ana Rosa no tiene precio. Pero lo que perfila como prioridad de Podemos, derribar a todo aquel que le moleste, no puede desecharse ya con un simple ejercicio de indiferencia. Van en serio.

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