25 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cuando el río suena...

El adiós de Bauzá en Baleares y el de Beitia en Cantabria sugieren tensiones territoriales claras en la familia popular, con Asturias y Extremadura en una línea similar.

 

 

… agua lleva. Y llevaba meses sonando, al menos entre los muros del Senado, donde José Ramón Bauzá ejercía de “outsider”. Ya tras las elecciones catalanas, cuando Ciudadanos emergió como fuerza de moda del centro-derecha frente el PP, se dispararon las especulaciones de que Bauzá podía replantearse su continuidad bajo las siglas populares, mientras Albert Rivera, entre bambalinas e incluso a través de emisarios, intentaba atraer al proyecto naranja a figuras apartadas de la primera línea política.

El ex presidente de Baleares nunca llegó a digerir que le apartasen del puesto de mando del partido como responsable de la derrota electoral de 2015, sintiéndose por añadidura incómodo con el discurso regionalista de su formación. “¿Y si Rivera fichase a Bauzá?” Preguntas como ésa circularon en los primeros meses de 2017 entre cuadros del PP. El propio Bauzá alimentó la especie, quizá para llamar la atención de Mariano Rajoy. No lo logró. 

El harakiri de Bauzá ha vuelto a disparar  rumores sobre la posibilidad de que aterrice en otras siglas: no Cs, sino Vox

El portazo finalmente ha llegado, ya con Pablo Casado. Bauzá se da de baja del partido y deja su acta de senador por la deriva “nacionalista” que, a sus ojos, ha tomado el PP de Baleares bajo la batuta de Biel Company.

El malestar

El harakiri de Bauzá ha vuelto a disparar los rumores sobre la posibilidad de que acabe aterrizando en otras siglas: quizá no Ciudadanos, sino Vox. Sea como fuere, la dirección nacional del Partido Popular debe ponerse las pilas ante el creciente malestar interno.

Lo de Bauzá puede ser tachado como “anécdota”, pero su marcha ha llegado pocas horas después de que Ruth Beitia, “inhumanamente presionada” por “compañeros” cántabros de siglas, anunciase incluso su decisión de abandonar la vida política. Y no sólo las tensiones internas están en Cantabria, también en Asturias o Extremadura, entre otros lugares donde empieza a ser público y notorio.

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