Nuevo capítulo en la confusión escolar

Ximo Puig, Vicent Marzá y Ana Barceló comparecen para dar una imagen de planificación y control en una vuelta al cole que se presenta caótica.

Un titubeante Ximo Puig salía esta mañana de la reunión con el conseller de Educación, Vicent Marzà, y la consellera de Sanidad, Ana Barceló, para decir más o menos lo mismo de siempre: que será un curso excepcional, que se apuesta por la presencialidad para que los alumnos no pierdan aprendizaje—queda claro que los últimos meses de curso fueron bastante o del todo improductivos—, y que se han arbitrado, de manera coordinada con el gobierno central y buscando la mayor seguridad posible, protocolos de higiene, ventilación y distancia personal en los centros.

Puig ha anunciado la instalación de un call center de apoyo a la web de la Generalitat para solucionar las dudas de la comunidad educativa, y se ha mostrado favorable a la posibilidad, abierta por Pedro Sánchez, de que las comunidades autónomas puedan declarar, si la pandemia empeora, el estado de alarma en sus territorios. Un claro intento de aparentar seguridad y unidad de criterio en un entorno cambiante y muy inseguro cuyo control, evidentemente, no depende sólo de que los colegios pongan muchos geles, obliguen a mucha distancia y abran las ventanas incluso en invierno.

Marzá, por su parte, ha dicho que las entradas a los centros serán escalonadas, que habrá coordinación permanente entre Educación y Sanidad y que se han contratado más profesores y monitores de comedor, con lo que ve factible la conciliación laboral de los padres y una presencialidad lo más segura posible —imaginamos que será consciente de lo poco posible que es—. Marzá sigue apoyándose en la escolarización obligatoria para defender la presencialidad —si bien acepta que habrá alumnos que, en caso necesario, deberán abandonar los centros y recibir una enseñanza telemática—, y no se ha referido para nada al hecho, subrayado por muchos padres, de que la situación tiene de todo menos de normal, y a su petición de que se respete su libertad para no arriesgar la salud de sus hijos.

La consellera Barceló ha admitido en su intervención que no se han realizado tantas pruebas PCR como se quería por tensiones en el mercado a la hora de comprar los reactivos.

Se han repetido mucho, en esta comparecencia institucional, las palabras «normalidad» y «seguridad», cuando designan, precisamente, lo que menos hay ahora. Un capítulo más, por tanto, en el culebrón de inseguridades que rodea el inicio de curso; un intento nada convincente de aparentar serenidad y planificación, de tenerlo todo previsto y de ver luz al final del túnel, cuando todos los indicadores muestran un claro descontrol de la pandemia y una perspectiva preocupante.

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