24 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Real Madrid 2 – 1 Villarreal: LaLiga ya es del Madrid

Real Madrid liga

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El Real Madrid acaba de ganar su 34º título de Liga después de vencer al Villarreal, 2-1. Por si acaso, un ridículo Barça ni siquiera hizo los deberes y cayó ante Osasuna.

Mira que Sergio Ramos se empeñó en llevar la emoción hasta la última jornada por una membrillez indigna de quien porta el brazalete de capitán del Real Madrid, pero no pudo ser. El Real Madrid es campeón de Liga, la trigésima cuarta, tras derrotar (2-1) al Villarreal con dos goles de Benzema en un partido que dominó a placer hasta que a su capitán le dio por hacer el tonto en el lanzamiento de un penalti, burlarse del rival, hiriendo su orgullo y metiéndole en el partido. Pero LaLiga ya es del Madrid.

El Madrid tuvo un partido extraordinariamente plácido en el primer tiempo. El Villarreal, haciendo honor al color de su uniforme y al calor mesetario, estuvo absolutamente aplatanado desde el mismo momento en que se dieron a conocer las alineacioes: al Submarino Amarillo le preocupaba amarrar los tres puntos del partido del domingo para atar sus opciones europeas para el próximo curso y se tomó el partido en el Di Stéfano como una excursión, sin más exigencia.

No es el de Zidane un equipo acostumbrado a no aceptar favores, así que jugando a su ritmo trantanero impuesto desde el postconfinamiento, algo así como de ultramaratoniano, que no te gana un sprint pero échenle un galgo porque seis horas después sigue corriendo, maniató al equipo castellonense sin problemas. Entre Casemiro, que se redimió de largo de su error ante el Granada, y un Modric a quien los partidos jugados a intensidad media le vienen como anillo al dedo, todo el peligro que se generó en el primer acto fue en la meta de Asenjo.

Tampoco nada excesivo, no se vayan a creer ustedes. Este Madrid gana por aplastamiento, no por brillantez. En cuanto el rival deja un resquicio, mueve la pierna, mueve el pie, mueve la tibia y el peroné, que cantaría Alaska con o sin Pegamoides.

Un error infantil de Sofian Chakra en la salida de balón permitió a Casemiro recuperar el balón y la inercia hizo el resto: el balón le llegó a Modric con tiempo para pensar y ante una defensa descolocada, el croata encontró el espacio para Benzema y éste colocó el balón entre las piernas de Asenjo para hacer el 1-0 y coser el campeonato liguero junto al escudo del Real Madrid en la camiseta. El Barcelona, mientras, palmaba con Osasuna, así que hasta el empate valía.

Pudo sentenciar el partido en el 53′ el cuadro blanco, por medio de Carvajal, aunque Asensio rechazó su no demasiado ortodoxo disparo. El Madrid andaba relajado, demasiado, casi tanto como un Hazard al que le quedan demasiados pocos partidos por delante esta temporada para que su fichaje pase a la lista de fracasos absolutos. El belga anduvo otra vez muy desenchufado, desconectado de sus compañeros, perdida su aceleración en salida y sin crear nada de peligro. Los destellos de enero y febrero no pueden soterrar el hecho de que el belga, 100 millones de coste a un año de terminar contrato, lleva un gol oficial. Demasiado poco para lo prometido. Ante el Villarreal, volvió a pasar inadvertido y de no ser porque fue otra vez sustituido, ni aparecería en el acta como autor de algo reseñable.

Ni siquiera para ejecutar el penalti-payaso de Sergio Ramos, sacando en corto para Karim Benzema y que éste fusilara a Asenjo. No pareció infracción para pena máxima y tratar de meterla así, ridiculizando al rival, sólo puede provocar que el adversario se venga arriba ante la humillación. Hernández Hernández pidió repetir el lanzamiento porque el francés había entrado en el área antes de tiempo junto con algunos adversarios, y Benzema metió el 2-0 para cerrar LaLiga, sin tanta tontería ni tanta burla, como debe ser.

Esa membrillez de Sergio Ramos precisamente destruyó el signo más característico de este Real Madrid postpandémico que se ha hecho con el título liguero: ha sido capaz de voltear su estilo hasta convertirlo en una máquina infernal que consigue que apenas pase nada. Partidos planos, apenas sufrimiento defensivo y como mayor virtud ofensiva la capacidad creativa de sus jugadores, que siempre aprovechan alguna.

Con ese estilo, muy simeonesco, pero en tiempos de pandemia casi todo vale para sobrevivir, LaLiga estuvo a punto de no llegar este jueves a las vitrinas blancas. La tontería de Ramos fue el detonante para que el partido, con el Villarreal tirando de orgullo herido, intentara la machada, y el Madrid tuvo que sufrir diez minutos para evitar un trastazo que hubiera sido intolerable. Encajó un gol y tuvo que tirar del mejor Courtois de la temporada, con tres paradas escandalosas, para alzar al cielo de Madrid, tras un gol anulado a Asensio quién sabe por qué, el título liguero.

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