01 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Seis meses de Estado de Alarma: el peor Gobierno en el peor momento imaginable

Pedro Sánchez, aplaudiéndose a si mismo

Pedro Sánchez, aplaudiéndose a si mismo

La pandemia está siendo global, pero sus efectos dependen de la gestión de cada Gobierno. El de España ha agrandado los estragos con su negligencia, retrasos e irresponsabilidad.

 

Este lunes se cumplen seis meses desde que Pedro Sánchez declarara el Estado de Alarma más radical y prolongado del mundo, lo que no evitó que España fuera el país más golpeado por la pandemia en marzo y que vuelva a serlo en septiembre.

Ese contraste entre la intensidad del confinamiento y las deplorables consecuencias sanitarias y económicas anula de un plumazo el principal argumento del Gobierno, que o bien niega la realidad o bien presume de haber sido de los primeros en adoptar medidas y el que más intensas las adoptó.

La realidad es mucho más simple: el Estado de Alarma no fue la medida preventiva que debió ponerse en marcha, con otra formula menos invasiva, a finales de febrero o principios de marzo, cuando las alertas internacionales y los ejemplos externos como el de Italia ya eran nítidos. Si no la inevitable respuesta restrictiva a la falta de reacción previa para frenar el contagio masivo que esa inacción provocó.

Aunque el Gobierno también se empeña en falsear los estragos, hasta el punto de borrar de la estadística incluso a 22.000 fallecidos; seis meses después del comienzo de todo el balance no puede ser más desolador ni la gestión de Sánchez más penosa y negligente.

 

 

España es récord mundial de muertos y de contagios, porque nunca ha dejado de serlo; y nadie ha destruido tanto su economía, su PIB y su mercado laboral en toda Europa. Al mismo desafío sanitario, que efectivamente es global, le han correspondido efectos distintos en función de la pericia, la anticipación y el acierto de cada Gobierno nacional.

 

Y el español ha estado más ocupado en tapar sus inaceptables errores y en aprovechar la pandemia para imponer su agenda política que en mitigar los efectos y no hacerlos infinitamente más dolorosos que los del resto de países.

De no ser por el abrumador respaldo que Sánchez tiene en el panorama mediático español, capaz de incendiar las calles por un caso de Ébola y de anestesiarlas pese a las muertes en masa y la ruina incipiente, su Gobierno estaría al borde de la dimisión, del banquillo y de las urnas.

La historia le juzgará, como lo hace la prensa internacional con la severidad que merece su gestión, pero mientras habrá que padecerlo. Y tal vez durante bastantes años.

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