19 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez e Iglesias se hacen trampas y pasan la factura a España

Los mismos líderes que pactan y bloquean España desde 2015 son incapaces ahora de llegar a un acuerdo que, decían, era fundamental. El espectáculo por las cuotas de poder es ya indecoroso.



 

 

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llevan pactando casi todo, gobiernos incluidos, desde las Elecciones Autonómicas y Municipales de 2015: así gobernaron Madrid o Castilla-La Mancha, impulsaron una moción de censura o, entre otros hitos, acordaron unos Presupuestos Generales del Estado presentados con boato en La Moncloa y finalmente frustrados.

En ese tiempo, ambos han promocionado la idea de que esa alianza progresista era espléndida para España, incluso aunque se apoyara a menudo en el independentismo, y que era la antesala razonable de un gran acuerdo de gobernación que le diera al país las políticas y la estabilidad que no ha tenido en los últimos cuatro años, obviando que esa evidente carencia era achacable, precisamente, a quienes se presentaban como garantía de lo contrario.

Un escándalo

Con esos antecedentes, sorprende el coro casi unánime que intenta imponerle a PP y sobre todo Ciudadanos un papel incompatible con el sentido común, el de elemento de desbloqueo de una nueva presidencia de Sánchez. Y escandaliza, directamente, que se pase por alto la contradicción flagrante entre lo que el PSOE y Podemos han venido haciendo hasta ahora y lo que, con un espectáculo deplorable, se niegan a hacer ahora: llegar a ese acuerdo que tanto  ansiaban y venían aplicando en otros ámbitos más domésticos.

Sánchez e Iglesias llevan pactando desde 2015 y ahora, cuando pueden hacerlo, anteponen ambos sus intereses personales

Todo ello demuestra el cinismo de ambos y certifica que su única estrategia real es el interés de parte. Sánchez ha pasado de tildar de "embajador del chavismo" a "socio preferente" al mismo líder e idéntico partido; con la misma frivolidad con que exigió endurecer el delito de rebelión apenas quince días de llegar a La Moncloa con el voto separatista.

Un sainete eterno

E Iglesias, por su parte, ha pasado de anteponer la necesidad de imponer determinadas políticas en España para "la gente" a subordinarlo todo a su presencia nominal en el Consejo de Ministros. Entre ambos, por distintas razones, están bloqueando de nuevo España, sumida en un sainete eterno que remite a la situación estructural de Italia y le añade una tensión territorial específica que no existe en el país transalpino.

Si ese duelo de egos e intereses gremiales acaba provocando nuevas Elecciones Generales, las cuartas en menos de cuatro años, ambos deben pagarlo. Y el resto de partidos han de estar preparados para ello, trabajando desde ya en fórmulas que eviten que su fraccionamiento invalide los votos que conjuntamente tienen y auxilien, a la postre, a sus caprichosos rivales políticos.

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