19 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

PSOE gana, PP resiste y vence en Madrid, Cs avanza, Podemos se hunde y Vox frena

 

 

El PSOE, o más en concreto Pedro Sánchez, amplió su luna de miel electoral iniciada en las Generales con una rotunda victoria en las Europeas y el éxito en la práctica totalidad de España, en cuyas autonomías y ayuntamientos -salvo relevantes excepciones nacionalistas- fue la fuerza política más votada.

Ese resultado es contemplado negativamente por esa enorme masa de votantes de otras opciones, pero puede tener una virtud: el crecimiento del PSOE es a costa del populismo de Podemos y de sus hundidas mareas y confluencias; y le otorga a los socialistas la condición de alternativa o barrera a los partidos independentistas en Cataluña.

Puestos a que Sánchez sea el líder con más respaldo de España, mejor que ejerza esa función con la mayor fuerza propia, pues ello mitigará las opciones de sus potenciales socios de apoyarle a cambio de un precio que el PSOE ya no tendrá que pagar y, si lo hace, quedará retratado.

 

También tiene razones para celebrar el 26M el PP, y más en concreto Pablo Casado, que anoche hubiera quedado tocado irremediablemente de no lograr el resultado que sin embargo obtuvo: cayó en apoyos, como en las Generales, pero se impuso con claridad en el centro derecha, conservó la Comunidad de Madrid, gobernará la capital de España y está en condiciones de hacerlo también en Castilla y León, Murcia, Aragón o incluso Navarra.

Tan relevante como esto para Casado es haber evitado el sorpasso de Ciudadanos o incluso, como se temió antes de las Generales, de Vox: Casado y Rivera tendrán que entenderse de tú a tú, con posiciones sólidas en ambos casos, pero la hegemonía del centroderecha parece firme del lado de los populares.

PP, Cs y Vox

En el caso de los naranjas, su avance es espectacular en número de votos y concejalías con respecto a 2015, pero insuficiente para superar al PP: su fuerza electoral es grande y será decisiva en muchas regiones y municipios, y de cómo la emplee dependerá en buena medida su futuro. Probablemente lo más razonable sería que invirtiera los votos como Rivera dijo en precampaña, esto es nunca con el PSOE, pero una vez cerradas las urnas puede haber excepciones muy llamativas.

El centroderecha debe aprender a reorganizarse y no comprar la idea de que oponerse al sanchismo es por definición "crispar"

Podemos y Vox son los perdedores, con mayor claridad en el primer caso que en el segundo. Los morados, con Pablo Iglesias al frente, han perdido casi todas las plazas donde gobernaban hasta ahora -especialmente en Galicia o Castilla-La Mancha-, no han logrado ninguna de las que no tenían, pierde su influencia en casi todas y han sido devorados por el mismo populismo que generaron: la caída de carmena en Madrid, fruto de la división tribal de la izquierda, lo resume todo.

Por último, Vox ha caído más con respecto a las expectativas generadas que con arreglo a sus datos reales, que objetivamente son muy buenos para un partido que en los últimos comicios era irrelevante y ahora decidirá todo en Madrid, bastante en Murcia o Aragón y tendrán presencia en muchos parlamentos regionales y ayuntamientos. 

Toca asentarse

Cerrado un extenuante ciclo de cuatro años de elecciones y repeticiones, forzadas con enorme crispación por el mismo dirigente que, una vez logrado su objetivo, pide ahora moderación; todos los partidos tendrán ahora tiempo de asentar sus proyectos sin someter a constantes tensiones a los ciudadanos.

Bueno será que el centroderecha encuentre la fórmula de entenderse entre sus distintas siglas y, además, la manera de replicar sin ambages a un Gobierno y un partido encabezados por un Sánchez pletórico que ahora, ya sin excusas, tendrá que gobernar los problemas reales de España y no los estados de ánimo por él mismo creados.

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