19 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Presidente, convoque Elecciones con urgencia y acabe con este martirio

Nunca un Gobierno se ha deteriorado tan profundamente en tan poco tiempo como el de Sánchez. Sólo tiene una salida para acabar con este bochorno: devolverle a los ciudadanos la decisión.

 

 

Ningún Gobierno en la historia de la democracia española ha tenido un deterioro tan profundo y tan rápido como el de Pedro Sánchez, probablemente porque ninguno de ellos, tampoco, tuvo el extravagante origen del actual: nadie -ni en España ni en Europa- ha buscado mayorías parlamentarias sin tenerlas primero en las urnas, y mucho menos pactando con partidos a los que en realidad se debería haber contribuido a aislar.

Devolverle la palabra a los ciudadanos es la única salida digna que le queda a un presidente quemado, sin autoridad y rodeado de sainetes

Ese pecado germinal, compensado en vano con una abrumadora propaganda preparatoria de una larga campaña electoral, explica en parte la degradación de un Ejecutivo lastrado por su ínfima minoría parlamentaria, atrapado por las exigencias de sus socios y boicoteado por el maximalismo ejemplarizante previo del propio Sánchez, que ahora le explota con efecto bumerán.

Dos ministros dimitidos y otros dos con todas las papeletas para seguir su camino, y el propio Sánchez ahogado en las falsedades académicas de su tesis, conforman un paisaje desolador para cualquier Gobierno, pero especialmente para uno sin el respaldo de las urnas que apeló a la "ejemplaridad" para justificar su acceso a La Moncloa.

Y si grave es depender del populismo y de los independentistas en la gestión política; escandaloso es hacerlo además desde el bochorno diario que a título personal protagonizan ministros como Delgado y Duque o polémicas como las de sus grabraciones, sus trucos fiscales o los plagios presidenciales.

Es un Gobierno boicoteado por el maximalismo ejemplarizante previo del propio Sánchez, que ahora le explota con efecto bumerán

Es demasiado. España vive en un clima irrespirable en el que los hechos objetivos se entremezclan con venganzas, medias verdades y una demagogia de un calibre tal que hace inviable dar explicaciones e iluso esperar que se acepten: en algún momento habrá que acabar con esto, pero no es Sánchez precisamente el más adecuado para exigirlo. Porque él ha sido el máximo instigador de esa cacería y su principal beneficiario.

Devolverle la palabra a los ciudadanos es la única salida digna que le queda a un presidente quemado, sin autoridad y rodeado de sainetes, por mucho CIS que falazmente intente dibujar un escenario favorable inexistente. Convoque elecciones, señor Sánchez, por elemental sentido común y por esa decencia olvidada desde que tomó posesión.

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