La ocupación de comer

Atrás quedaron los días en los que hablar de comida era vulgar y fotografiarse con un plato listo para revista, una frikada sin sentido



Comidistas, foodies, críticos gastronómicos, influencers, gastrolovers, catadores… Comer, además de un placer, ahora también es una ocupación tan importante como cualquier otra. Atrás quedaron los días en los que hablar de comida era vulgar y fotografiarse con un plato listo para revista, una frikada sin sentido.
Nuestros Instagram y Facebooks están llenos de los colores del mercado, platos imposibles y maridajes perfectos que dicen “hola mi amor, yo soy tu lobo, quiero tenerte cerca para comerte mejor”.
Los restaurantes son ya algo así como el viejo nuevo activo de nuestra ciudad, y yo que me alegro. Siempre me han parecido templos artísticos y cosmopolitas. Desde los baretos más míticos como el Marvi, el Rausell o el Ricardo, hasta los más recientes como el recién estrenado Baobab Gastronomía en el que Raúl Aleixandre -el que es, y siempre lo será, nuestra primera estrella michelín- y Luis Pellicer, escriben un nuevo capítulo en sus vidas gastronómicas; o Sucar, donde Patiño nos la vuelve a dar con lo más grande de su tradición culinaria -sencillamente excepcional-, a tan solo dos pasos de su primer templo Saiti.
Valencia es al compadreo foodie lo que San Sebastián al pintxoteo contemporáneo. No hay referencia gastro que se nos pase, tan pronto abre sus puertas en cualquiera de los márgenes de nuestro río Turia.
Y el periodismo lo baila. La hegemonía de la política, la sanidad y la economía ha ido perdiendo fuelle en las páginas de información y la gastronomía asoma la patita con una fuerza irreversible, confirmando que los valencianos hemos venido al mundo a disfrutar y que en nuestra ciudad, además de indefinición política y escándalos económicos, hay una sociedad que exige una Valencia abierta, sabrosa y amable.
Parece que por fin hemos tomado conciencia de nuestro valor como ciudad de servicios, turística y sobradamente encantadora. Más vale tarde que nunca jamás. Así que nos hemos dicho… ¿Por qué no disfrutarla nosotros también? ¿Por qué no darle un bocado a los mejores planes que se cocinan en los templos del buen comer?
Salid, comed, bebed, amad, disfrutad y hablad de lo que os haya gustado ver. Ocupaos de nuestra gastronomía, sois los mejores embajadores que una ciudad puede tener.

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