29 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pablo Iglesias lleva el "Cara al Sol" como sintonía en su teléfono móvil

Pablo Iglesias, con su bandera de San Juan en las solapas

Pablo Iglesias, con su bandera de San Juan en las solapas

La evolución del líder de Podemos desde San Blas hasta Galapagar ha sido absoluta y no solo incluye su cercanía a la Reina. Éstos son los otros datos desconocidos hasta ahora.

 

 

Pablo Iglesias ya no es aquel mozalbete que pedía la renta universal, veía castas por todos los lados y disfrutaba de la vida del barrio, con la gente, con los currelas que se levantan pronto, cogen el transporte público y llevan la comida para recalentar en el tupper.

La paternidad le ha hecho madurar y coger unos kilitos, aunque mantiene su lustrosa coleta como testimonio de un pasado que, espera, no volverá. Su imagen con la Reina Letizia ha soliviantado a muchos de los votantes que le siguieron, pero es el síntoma de su periodo de madurez.

Se acabaron las bravas en un bar de San Blas, ahora disfruta de una buena ensalada de quinoa y del sushi con los suyos: Irene Montero, su musa, sus tres niños y los ocho criados y asistentes recomendados por Pablo Echenique, que esta familia trabajadora tiene que echar también sus cuentas para llegar a final de mes: los 170.000 euros que gana la pareja se estiran, pero no dan para todo.

Iglesias dedica ahora los domingos a ir a Misa o de montería. Si la cosa falla en Podemos, no ve con malos ojos irse a VOX

La evolución de Iglesias es absoluta, no solo por su repentina simpatía hacia los Reyes ni por su perfecta aclimatación a la conservadora Sierra de Madrid. Según ha podido comprobar El Pato Cojo, hay otros datos que consolidan la metamorfosis del líder y de su pareja.

Por ejemplo, el líder de Podemos ya no lleva en el móvil como sintonía un tema de Ismael Serrano, como era su costumbre. Aunque lo lleva siempre en modo silencio o vibración, en casa le sube el volumen por si llama Íñigo Errejón para pedirle disculpas y quedar a jugar al pádel: esa espinita la lleva clavada en el corazón y espera, que algún día, las cosas se arreglen entre ambos.

 

 

¿Y qué es lo que suena cuando solo él y Montero lo escuchan? Pues nada menos que el "Cara al sol". Se lo pasó un vecino de la Sierra a modo de broma pero, a fuer de oírlo, sintió una epifanía y decidió ponérselo. Su chófer Pascual, que cada día le lleva de Moncloa al Palace y de allí a su mansión, es el único testigo de ese momento.

Pero hay más, mucho más. Así, El Pato Cojo ha podido comprobar que el segundo domingo de cada mes, Iglesias sale a cazar corzos por la Sierra de Madrid, con un grupo de amigos de Galapagar entre los cuales figuran nietos de miembros de la División Azul y forofos de Manuel Fraga Iribarne.

Su metamorfosis no le aleja del pueblo llano: solo mandó azotar diez veces a un criado por equivocarse en el gin tonic

Y cuando no hay montería, prefiere recogerse con los suyos y apenas sale a la Misa de 12 en una recogida capilla atendida por la misma orden que presta servicio en el cercano Valle de los Caídos. Al terminar la comunión, que el líder de Podemos toma con recato, un frugal piscolabis con Dom Perignon y a casa, donde ya les espera una institutriz francesa para los niños y Manolito Chen, el chef asiático heterosexual contratado para que no les falte de nada.

¿Afiliado a VOX?

En esos círculos le lanzaron una idea que, de confirmarse, sería un pelotazo: si algún día terminan por echarle de Podemos, se afilará a VOX. De momento es una posibilidad, pero él le ha puesto buena cara.

"Está muy cambiado, es otra persona. Aunque mantiene sus orígenes obreros. El otro día, sin ir más lejos, el sirviente le echó limón en lugar de pepino al gin tonic y solo mandó azotarlo diez veces, es así de llano aún", explica un nuevo amigo de Iglesias.

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