14 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La inadmisible escalada de violencia en España por razones ideológicas

La diputada de Vox agredida, Rocío de Meer

La diputada de Vox agredida, Rocío de Meer

La única causa que provoca agresividad, intransigencia y censura en nuestro país es la política: se puede ser, pensar y creen en casi todo libremente, menos en lo que se aleje del Gobierno.

 

 

La mayor intolerancia en España no es por razones de sexo, género, fe u orientación, sino por política. Por mucho que los portavoces de muchas de esas causas magnifiquen los inaceptables episodios de intransigencia, odio o violencia que aún hoy se viven; en ninguno de los casos existe un apoyo institucional ni representan el sentir unánime de la ciudadanía.

Toda la sociedad defiende la igualdad entre hombre y mujer, respeta las diferencias religiosas y acepta con normalidad las distintas identidades sexuales: una actitud que, a su vez, se corresponde con la estructura jurídica e institucional de España, adaptada sin discusión a esos valores.

Pero es cada vez más obvio que no ocurre lo mismo por razones políticas. La extensión del populismo, la influencia del independentismo y la rehabilitación incluso de Bildu, todo ello por mor de Pedro Sánchez y sus alianzas, ha atizado una intransigencia institucionalizada de lo más inquietante.

Que no solo se refleja en la agresión a una diputada de VOX en Sestao, golpeada por una piedra en en el transcurso de un mitin que, como todos los de este partido en el País Vasco, genera escenas de violencia desde los mismos ámbitos abertzales que tampoco soportan la presencia del PP o de Ciudadanos.

 

 

El fenómeno es más amplio, antiguo e incluye escenas tan repudiables como la campaña de "Rodea al Congreso" en la última sesión de investidura de Mariano Rajoy, que antes fue agredido en plena campaña electoral, o el envío de autobuses de protesta y la activación de la "alerta antifascista" de Pablo Iglesias cuando, en Andalucía, un político tan moderado como Juanma Moreno llegó a la presidencia.

Menos libertad

Y que la respuesta a todo ello sea el silencio, en el caso del PSOE, o la comprensión, cuando no la negación de los hechos, en el de Podemos; eleva la categoría del abuso hasta hacerlo de algún modo institucional.

Tan necesario en una democracia es aceptar los resultados electorales como entender la tarea de la oposición: ambas evidencias son reflejo de la pluralidad de una sociedad que, cuando es monocolor, acaba siendo menos libre. No verlo, en fin, degrada peligrosamente la convivencia y pone en tela de juicio la calidad de la propia democracia.

 

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