20 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cuando ser hombre es delito

El autor hace un alegato a favor del feminismo y en contra de su versión más radical y excluyente, repasando los mantras que éste utiliza para extender una idea agresiva de la igualdad.

 

 

En los últimos años se ha desarrollado una corriente alternativa al clásico feminismo. comúnmente lo llamamos hembrismo o misandria y se refiere al ala más radical de este movimiento. Pero lo primero que hay que hacer es distinguir entre los dos movimientos.

 El hembrismo o feminismo radical se ha instalado en nuestro país desde hace un tiempo y además ligado a determinados partidos políticos, es un ejemplo más de la dictadura de lo políticamente correcto en la que vivimos y que hace que algunos parezca que tengamos que pedir perdón por ser hombres. A continuación os detallaré algunas sencillas reglas si queréis sumergiros en este curioso movimiento por la “igualdad” que no pretende más que conseguir la desigualdad pero por una de las partes.

Como os he dicho es importante distinguir entre feminismo y hembrismo, y en este artículo voy a hacer una férrea defensa del feminismo, sí, de aquellas personas que luchan por la igualdad de género en derechos y que han quedado totalmente ensombrecidas por este otro movimiento que ha conseguido que un sector importante de la sociedad haya dejado de tomar en serio al movimiento feminista gracias a que también toman argumentos del feminismo pero para llevarlos al absurdo, o directamente comparten argumentario en algunos puntos lo que hace que ambos movimientos se confundan. Pero vamos a explicarlo.

 

Exclusión

 

Mientras que el movimiento feminista es inclusivo, es decir, incluye tanto a hombres como a mujeres, el movimiento hembrista excluye de sus reivindicaciones a los hombres, llevando a cabo una discriminación con la que supuestamente pretenden acabar. Es decir, tú, como “feminista”, supuestamente reclamas la igualdad entre hombres y mujeres pero excluyes, denigras y en ocasiones detestas al género masculino.

 

  1. Derechos sobre el cuerpo

De todos es sabido que el buque insignia de este movimiento es el aborto, en ocasiones da la impresión de que les fascina la idea de interrumpir el embarazo de una mujer, en contraposición con el feminismo que está es a favor del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo pero a la vez considera el aborto un drama, no un derecho. Se supone que la interrupción del embarazo es una tragedia para la mujer y que cuando lo hace es porque no le queda otro remedio y quiere que esa interrupción sea llevada a cabo con todas las garantías sanitarias posibles. Esa es la principal diferencia con el hembrismo, que parece disfrutar con esto porque lo considera una reivindicación feminista. Por supuesto eso se produce porque la mayoría de las jamás ha sido madres y seguramente no tenga la intención de serlo.

Esto, por supuesto, choca con el tema de la prostitución ya que la famosa frase “en mi coño mando yo” no son aplicables al hecho de legalizar la prostitución o la gestación subrogada, ya que en ese caso el eslogan se transforma en “En mi coño mando yo y en el tuyo también”. 

 

  1. Religión

 

Este colectivo  tiene una especial fijación con la iglesia católica y de nuevo nos encontramos con la doble vara de medir entre el cristianismo y el islam. El islam es una religión respetable como todas, pero es innegable que los preceptos y la bases ideológicas del islam son profundamente machistas y consideran a la mujer un ser inferior al hombre, esto lo dice el Corán, su libro sagrado, no yo. Pero aparte de eso, jamás veremos a una activista de estos movimientos radicales mostrar sus atributos en una mezquita como sí hacen algunas, por ejemplo, en una capilla.

O nunca las verás acosar desnuda a un imam de la misma forma que hacen con un sacerdote. ¿Por que? Porque estos movimientos suelen estar ligados a la  política y ya sabemos que hay partidos muy benévolos con el islam o simplemente porque saben que la iglesia católica traga con todas sus impertinencias mientras que el islam no les pasaría ni una.

Callan de manera vergonzosa la denigración de la mujer en países islamistas, incluso en nuestro propio país con el tema del burka, por ejemplo. Jamás se ha visto a una activista de estos grupos decir ni una sola palabra en contra de esta prenda impuesta por el hombre, no por la religión, como podría ser el velo. El burka no tiene ninguna connotación religiosa, es una prenda impuesta por el marido, es importante distinguirlo. Ellas prefieren reivindicar su feminismo no depilándose o robando el niño Jesús de un Belén del Vaticano.

 

 

Y algo que llama la atención respecto a este tema es la reciente prohibición de las azafatas por parte de la fórmula 1, presionados por las “movimientos sociales y políticos” por ser una imagen que denigra a la mujer, pero sin embargo estas fuerzas sociales y grupos políticos no hacen ni un mínimo ápice de presión por prohibir el burka, que se ve que es una imagen dignificadora y nada denigrante.

A diferencia de las azafatas de la fórmula 1, que firmaron un contrato donde se especificaba perfectamente cuál era su trabajo y a las que nadie obligaba a llevar determinadas prendas o darle un beso al ganador, las mujeres que llevan burka lo hacen por obligación y por imposición. Progresismo imagino que lo podríamos llamar. El totalitarismo de estos movimientos les lleva a ejercer una actitud machista sin saberlo ya que piensan por otras mujeres y deciden por ellas lo que es mejor para su vida y su dignidad. ¿La consecuencia? Estas trabajadoras se han quedado sin empleo y las impulsoras de esta medida han callado.

 

Alienados

 

Pero, ¿qué ocurre si una mujer se atreve a pensar distinto a este grupo? ¿Qué ocurre si hay mujeres a las que les gusta trabajar en casa por su deseo, para cuidar de los niños mientras su marido trabaja fuera, porque han elegido esa forma de vida o simplemente porque difieren de su forma de ver la vida respecto a estas señoritas? Pues que es una alienada, que el demonio del heteropatriarcado les ha absorbido el cerebro.

Mientras que el feminismo respeta todas las opciones de las mujeres pero intentan convencerla cívicamente sobre su pensamiento, las más radicales imponen su doctrina y no dudan en ejercer la violencia verbal hacia toda mujer que piensa distinto a ellas, es decir, la discriminan cuando precisamente lo que intentan es acabar con la discriminación hacia las mujeres. Es lo que ocurre por ejemplo con los gais que no comulgan con el lobby.  Pues con esto es igual, las mujeres que piensasn por sí mismas son marginadas y comparadas con los defensores del patriarcado. Incluso también suelen excluir a las feministas de verdad.

 

Silencio

 

Aquí nos encontramos con una regla básica del feminismo radical, el silencio cuando la discriminación por ser mujer se da en una mujer de una ideología que no es la suya.

Por ejemplo, hace poco vimos como Inés Arrimadas era vilmente atacada por el actor de TV3 Toni Alba . En las redes no se pudo ver ni un solo tuit de apoyo por parte del colectivo de feministas a Arrimadas. Por supuesto tampoco vimos ni piar a esta gente cuando Pablo Iglesias confesó en un chat privado que le gustaría azotar a Mariló Montero hasta que sangrase. Es el momento en que el feminismo se convierte en política. 

 

Violencia de género

 

Este es el tema más serio, ya que mientras un feminista convencido condena todo acto de violencia ya sea de un hombre a una mujer o de una mujer a un hombre, la hembrista solo condena uno de los casos e incluso se alegra de la violencia hacia el hombre. Ignora completamente la violencia de la mujer hacia el hombre, que también existe y es silenciada.

 

"Si  las manifestaciones no son mixtas, poneros atrás: no sois el sujeto político, sois el sujeto opresor"

 

Y el germen de esto quizás fue esa infame ley contra la violencia de género apoyada por absolutamente todos los partidos políticos y que a mi me parecería estupenda si hubiera sido de alguna utilidad, pero no ha servido ni para disminuir el número de mujeres asesinadas ni el número de denuncias, eso sí, ha servido para violar la Constitución y el principio de igualdad ante la ley, pues ante un caso de violencia en la pareja, un hombre es tratado de forma distinta que una mujer en el mismo caso.

Por poner un ejemplo, si una mujer denuncia a un hombre por maltrato, la policía automáticamente se presentará en casa del presunto agresor para proceder a su detención. En caso contrario, se seguirán los procedimientos normales con citación judicial. Y ni hablemos de las penas, ya que el número de años que le caerá a un maltratador hombre será infinitamente mayor al que le caería a una mujer en el mismo caso. Incluso hay partidos, que todos sabemos cuáles son, que piden revertir la carga de la prueba en casos de violencia de género, esto es que el acusado debe demostrar su inocencia en lugar de que los acusadores deban demostrar su culpabilidad.

 

 Micromachismos y lenguaje inclusivo

 

El colmo del absurdo, ya aunque es verdad que existen situaciones en la vida cotidiana que indican un cierto machismo, otras son simples muestras de gentileza que esta gente confunde con prácticas machistas. Considerar que abrir la puerta del coche a una mujer es machismo o el clásico piropo (hasta ciertos límites) que se da a ambos lados pero en el caso de que sea de un hombre a una mujer es totalmente reprochable.

Respecto al lenguaje incluso, no es propiedad solo de este colectivo radical ya que se ha extendido también a la esfera política. Podemos ver auténticas aberraciones dialécticas como el famoso “miembros y miembras” de Pedro Sánchez o el “portavoces y portavozas” de Irene Montero.

En definitiva, es lamentable ver cómo el movimiento feminista, que tanto ha hecho por la mujer a lo largo del siglo XX, ha quedado oculto en la oscuridad a favor de esta tercera ola del neofeminismo que, gracias al ruido que hace, ha conseguido ensombrecer las auténticas reivindicaciones del feminismo en pro de una igualdad que no quieren conseguir.

Más bien desean la supremacía de la mujer frente al hombre, algo que jamás ocurrirá pues la cordura finalmente siempre se impone a la locura y el feminismo real es mucho más poderoso que este movimiento paralelo. Esperemos que sea así.

 

El autor ha hecho este irónico vídeo para resumir las diferencias entre el necesario feminismo y el radicalismo político con la excusa de la igualdad de la mujer

 

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