17 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Miguel Ángel Blanco, dos veces víctima

Madrid, Bilbao o Cádiz se han distanciado de homenajear a Miguel Ángel Blanco, la víctima de ETA que simboliza la reacción contra el terror y el horror de una época. ¿Por qué?

La cara humilde de Miguel Ángel Blanco, un joven y discreto concejal popular en Ermua, simbolizó durante muchos años el inmenso horror de ETA, la crueldad extrema de 40 años de horror con 900 víctimas mortales y miles más dañadas de por vida por las péridas, las heridas o el exilio.

Banco fue patrimonio cívico y colectivo contra el terror. Hasta ahora: 20 años después, no hay consenso en su recuerdo

Pero su mirada, la de un chaval normal capaz de dar un paso político en un lugar complejo en los años de plomo, también encarnó la reacción casi unánime de la sociedad española contra el terror: en los ojos de Blanco, secuestrado y asesinado hace ahora 20 años tras dos días de conmoción nacional, se reflejaron millones de manos blancas cansadas de agachar los ojos ante el terror.

Blanco se convirtió así en un patrimonio cívico colectivo, en una cara que resumía a todas las demás, a izquierda y a derecha, que perecieron de un disparo en la nuca o de un coche bomba. Todo el mundo entendió, hasta ahora, el carácter simbólico de una víctima que se convirtió en el resumen de todas. Pero algo ha cambiado.

Aquel día sin pasamontañas

En un aniversario redondo, destinado en principio a recuperar ese espíritu que llevó a los ertzaintzas de la época a quitarse por vez primera el pasamontañas ante las cámaras de televisión, ha ocurrido todo lo contrario. El Ayuntamiento de Madrid, encabezado por Manuel Carmena, no ha querido rendir un homenaje personal al joven Blanco ni colgar una pancarta de recuerdo en la fachada consistorial, habitualmente acogedora con todas las causas.

La explicación oficial no ha convencido a casi nadie: según la alcaldesa, se trataba de no distinguir a unas víctimas de otras, como si el recuerdo de una de ellas no fuera la mejor manera de homenajearlas a todas.

Carmena no ha querido un homenaje particular para Blanco: tampoco Bilbao o Cádiz

Las palabras exactas de la máxima representante de la capital de España han retumbado hasta Ermua: "No tenía mucho sentido era la pancarta en la medida en la que eso tiene mucho que ver con lo que puedan acordar las asociaciones de víctimas". Se trata, en definitiva, de "no hacer una situación de menosprecio de unas víctimas en relación a otras". "Lo importante es que haya un consenso por parte de las asociaciones de víctimas con las que nos reunimos y a las que tenemos mucho respeto", añadió.

No es un hecho aislado

Nadie ha entendido esa actitud, y menos al recordarse el tacto de la propia Carmena cuando, siendo aún jueza, se prestó a firmar un estudio encargado por el Gobierno Vasco en el que, bajo el pretexto de analizar el fenómeno del terrorismo en Euskadi, se llegaba a integrar en la misma estadística a las víctimas y a los pistoleros que murieron, por ejemplo, mientras preparaban un atentado.

Se tituló con un frío 'Informe-base de vulneraciones de Derechos Humanos en el caso vasco' y llevó la firma de, amén de Carmena, de Juan María Uriarte, aquel controvertido obispo que llegó a reclamar públicamente que España pidiera perdón a ETA por haberse "sobrepasado". Otro impulsor del polémico estudio fue el entonces director de Derechos Humanos del Ejecutivo autonómico y hoy titular de la misma cátedra en la Universidad del País Vasco, Jon Mirena Landa, un experto investigador en el fenómeno de la incitación del odio que, no obstante, es crítico con la dispersión de presos, emblema de la lucha contra ETA durante décadas.

Con las víctimas, ¿pero no contra los verdugos?

La alcaldesa que ahora se niega homenajear a Blanco en el formato propuesto, sin descartar -hay que decirlo- otro alternativo; no tuvo tampoco reparos ni en defender que la reinserción de terroristas como profesores de los niños vascos ni, tampoco, en calificar de error la 'doctrina Parot'. Un último dato atestigua el pantanoso terreno que pisa en este ámbito la alcaldesa de Madrid, tan clara en su compasión hacia las víctimas del terrorismo, bien es cierto, como extrañamente compasiva con los verdugos.

Ocurrió en julio de 2014, en una entrevista en la televisión autonómica vasca ETB, no tuviera reparos (minuto 0:53) en mostrar una evidente equidistancia al expresar su idea de cuál debería ser el epílogo de 40 años de terror: "´Nos tenemos que ver unos y otros y reconocer el dolor en unos y otros´.

 

El álbum de la Fundación MIguel Ángel Blanco, con el concejal de niño junto a su hermana Marimar (en la otra imagen junto a sus padres), en la mili y en un retrato de juventud

 

No es una excepción, aunque la resonancia que le confiere ser la capital de España le da un altavoz especialmente ruidoso. Pero antes de Carmena hubo otros, lo que contribuye a generar la idea de que el recuerdo de Blanco es un estorbo o un trámite a cubrir con el menor boato posible. Bilbao estrenó la cadena de rechazo, el pasado 27 de junio, con la negativa del PNV y del PSOE-PSE a dedicar una placa o un busto al edil de Ermua y a añadir una declaración institucional coincidiendo con el aniversario.

Un extraño veto

Como en el caso de Madrid, se apeló a la necesidad de no hacer distinciones entre las víctimas, y el gobierno guipuzcoano saldó la efemérides con una enmienda genérica instando a los asesinos a disculparse y en solidaridad con todos los damnificados por el terror. Sin ninguna mención a Blanco.

Mientras, el asesino de Blanco, Buesa u Ordóñez sí ha tenido este año un permiso carcelario

Exactamente lo mismo ocurrió mucho al Sur, en el punto opuesto. En Cádiz, el polémico alcalde José María González'Kichi' se agarró al argumentario de Madrid o Bilbao para rechazar igualmente la propuesta del partido en el que militaba Miguel Ángel Blanco. “¿Hace falta ponerle nombre y apellidos a ese dolor?”, llegó a decir el primer edil andaluz, convencido además de que el PP sólo quería rendirle homenaje por ser su afiliado. 

La iniciativa salió adelante, pero la sección gaditana de Podemos se retrató con una postura mimética a la de Carmena en Madrid.

Un rechazo incompleto

¿Por qué ese recelo a recordar desde el consenso a quien logró, después de su ejecución, concitar el rechazo unánime de todos los partidos políticos de España? Cierto es que tanto Ferraz, sede del PSOE, cuanto la Federación Española de Municipios y Provincias encabezada por Abel Caballero, alcalde de Vigo, se han mostrado indignados por la participación de algunas delegaciones suyas, siquiera de manera tangencial, en el 'veto' al homenaje a Blanco tal y como era propuesto originalmente por la Fundación creada en su honor.

 

La unidad perdida (foto de Javier Álvares de El País): en 1997 se juntaron por la causa Anguita, Almunia, Cascos, Aznar, Suárez, Calvo Sotelo, Iturgáiz o González. Hoy no hay consenso ni para poner una pancarta en el Ayuntamiento de Madrid

Txapote, el verdugo de permiso

Pero lo cierto es que, pese a ello, el vigésimo aniversario de su terrible martirio quedará resumido en dos imágenes. De un lado, la fractura política a la hora de recordarle y, de otro, la reciente salida con permiso carcelario de su verdugo, el cruel Txapote.

Francisco Javier García Gaztelu, nombre real del temible terrorista, pisó la calle para atender a su padre el pasado mes de marzo. Txapote fue detenido en Francia en 2001 y fue condenado, entre otros, por los asesinatos del propio Miguel Ángel Blanco; de Fernando Buesa y su escolta, Jorge Diez Elorza; de Fernando Mújica; de Gregorio Ordóñez; de José Luis López de Lacalle; y de dos guardias civiles en Sallent de Gállego (Huesca).

En total, el que fuera jefe militar de ETA entre 1996 y 2001 y miembro del comando Donosti, nacido en Galdácano (Vizcaya) en 1966, acumula penas que superan los 450 años de prisión. Pero pudo acudir a la llamada de su progenitor, dejando detrás un mar de sangre, lágrimas y dolor que no ha tenido, dos décadas de los hechos, el bálsamo que aquella marea de manos blancas parecía haber garantizado para siempre.

 

 

 

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