09 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Rosa María Mateo pone TVE al servicio de Sánchez con un sucedáneo de debate

Después de que TVE haya fijado su debate el día 23, queda claro quienes son los grandes beneficiarios de la decisión de la Junta Electoral Central de torpedear el debate de Atresmedia.

 

‘Cui prodest?’ La vieja pregunta de a quién beneficia el cerrojazo de la Junta Electoral Central al debate de Atresmedia se va perfilando a medida que pasan las horas: Pedro Sánchez y TVE. Lo que, visto lo visto, viene siendo lo mismo.

En un ejercicio de descaro, el candidato socialista, que hace tan sólo unos días despreció a la cadena pública, ahora considera “un honor” debatir en TVE. Tal para cual, porque hace también unos días atrás, la directora de Comunicación de la cadena pública, María Escario, explicaba que “no es la primera vez que Televisión Española se queda sin debate”.

¿Qué ha cambiado entonces? Por lo pronto, que algunos han movido ficha para dinamitar el único debate relevante en una televisión para esta campaña, en el que alguna entidad presidida por cierta presentadora de la cadena estatal, por cierto, incluso quiso colocar “observadores”. Una propuesta con tufo bolivariano en una democracia consolidada.

De estas decisiones se extraen algunas conclusiones. La primera, una falta de palabra manifiesta del candidato socialista, Pedro Sánchez, agitado en la sombra por su gurú, Iván Redondo, al que algún día habrá que perfilar en profundidad sobre ciertas decisiones y campañas de imagen de su pupilo.

El exasesor del popular José Antonio Monago -como diría Groucho, estos son mis principios, y si no le gustan, puedo cambiarlos-, experto en idas y venidas, aunque sea a costa de terceros (que se lo pregunten, por ejemplo, al coronel Pedro Baños), ha decidido colocar a su candidato en la ‘tele amiga’, la de Rosa María Mateo y sus muchachos, la más irrelevante y la que ha perdido su voluntad de servicio público.

Habrá que preguntarse qué interés puede tener una cadena pública en operar con criterios de privada, buscando contraprogramar a medios privados y pelear por una audiencia que no debería ser el motor de guía de TVE

No son afirmaciones gratuitas. Cualquiera puede chequear los datos de audiencia de sus informativos, en contraste con los de otras cadenas. La voluntad del directo ha huido para recalar en cadenas privadas. Los datos del debate del pasado lunes noche son evidentes: 1.794.000 espectadores con un 11,8% de cuota en La 1 y 253.000 espectadores con un 1,7% en La 2. El juicio es inapelable: TVE no es referencia informativa y no genera movilización de audiencia. Su debate no fue la emisión más vista del día, no logró el ‘minuto de oro’ y no fue la cadena más seguida del día ni del horario estelar en la franja de emisión del debate. Triste pero cierto.

La JEC, aislada de la realidad

Otra conclusión: la decisión de la Junta Electoral Central obliga a pensar seriamente en una revisión de la regulación al respecto. Sus integrantes viven tan aislados de la realidad como la Corte de Versalles en vísperas de la Revolución Francesa. El aire de la calle no corre por los pasillos y los despachos enmoquetados de sus integrantes. Pretender negar a golpe de decreto la existencia emergente de un partido como Vox, en una clara injerencia en un medio de comunicación privado, demuestra que algunos quieren poner puertas al campo. Algo que recuerda bastante a Andalucía, donde también se quiso ocultar una realidad que acabó con doce diputados en el Parlamento autonómico y siendo llave decisiva para la formación de un nuevo Gobierno.

Y, por último, habrá que preguntarse qué interés puede tener una cadena pública en operar con criterios de privada, buscando contraprogramar a medios privados (con una intentona de debate previo al de Atresmedia) y pelear por una audiencia que, supuestamente, no debería ser el motor de guía de TVE. Tal vez la clave haya que buscarla en que, según parece, los jerarcas de TVE, con algún apéndice exterior, anden negociando directamente las condiciones del debate con el entorno sanchista, sin tener en cuenta a los demás partidos, bajo el argumento de que lo que haga Sánchez no tendrán más remedio que seguirlo los demás. Bonita forma democrática de operar. Por cierto, ¿habrá que recordar que el primer cara a cara de la democracia se celebró en Antena 3 allá por 1993?

 

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