24 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El rotundo fracaso en la investidura de un arrogante y despectivo Pedro Sánchez

 

 

Pedro Sánchez fracasó en su primer intento de investidura, poniéndose fin así, para empezar, a la fenomenal campaña de propaganda que le presentaba de manera bien distinta a la reflejada por las urnas: se diría que, en lugar de disponer de 123 diputados, los mismos que Rajoy cuando fue obligado por el PSOE a repetir comicios, estaba al frente de una rotunda mayoría absoluta que sólo necesitaba ser refrendada rutinariamente por el Parlamento.

De hecho, el aspirante confundió la imagen hegemónica que difunde de sí mismo en compañía seguidista del ecosistema televisivo con la dimensión real de sus fuerzas y trato a todos sus potenciales socios con un desprecio e indiferencia atípica en tan litúrgicas circunstancias.

 

Se diría que para Sánchez, por alguna razón, todos los partidos de cualquier espectro ideológico tenían la obligación de respaldarle para, a continuación, permitirle gobernar a su antojo sin contestación ni complemento alguno.

Un absolutismo posmoderno

Una especie de absolutismo posmoderno consistente en que los aliados solo lo serían para completar sus votos en la investidura y la oposición una figura decorativa desactivada para el resto de la legislatura. Y que pretenda eso el líder político que con más contumacia ha hecho lo imposible por bloquear el país hasta lograr su objetivo, resulta definitorio del perfil ético y político del personaje.

Sánchez no es el triunfador que vende la televisión, sino el ganador con solo 123 diputados que ahora queda retratado por sus socios

La realidad finalmente se ha impuesto y estamos condenados a una de las dos siguientes opciones: o la repetición de Elecciones en noviembre, o la conformación de un Gobierno de coalición con dirigentes de extracción populista y comunista sustentado, a su vez, en la condescendencia nada gratuita del separatismo.

Con el nacionalpopulismo

Es decir, la misma fórmula que se estrenó en la moción de censura y que activa todas las alarmas con los precedentes ya conocidos: si el independentismo se atrevió contra un Gobierno del PP apoyado en esto por Ciudadanos e incluso el PSOE, ¿cómo no va a hacerlo con un uno que le puede deber su propia existencia?

Añadir a esa fórmula el populismo de Podemos, que tiene derecho a exigir su cuota sin duda, resulta de lo más inquietante pero refleja a la perfección la naturaleza de Sánchez, deudor ahora de su propia trayectoria: como ése es el campo que él mismo ha sembrado, con esos bueyes ha de arar.

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