21 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Vértigo en la cúpula de Cs por la marejada contra los "dedazos" de Rivera

Albert Rivera y su número dos, José Manuel Villegas, en los pasillos del Congreso.

Albert Rivera y su número dos, José Manuel Villegas, en los pasillos del Congreso.

La dirección del partido naranja afronta tres incendios en Baleares, Cataluña y Castilla y León. Y teme nuevos enfados ante la "avalancha" de fichajes que se espera para el 20-A y el 26-M

Albert Rivera lo ha repetido el último año por activa y por pasiva. "Ciudadanos tiene las puertas abiertas al talento, piense lo que piense y venga de donde venga", ha venido diciendo en público y en privado, cuando los periodistas le preguntaban por sus candidatos para las citas electorales que están por venir.

Y, como lo anunció, y al margen de las primarias a las que obligan los estatutos del partido naranja, la pasarela ha comenzado. Primero fue Manuel Valls, como candidato independiente a la Alcaldía de Barcelona. Después Maite Pagazaurtundua (exUPyD) para la lista a las europeas, y en esta semana un pleno de fichajes políticos: Silvia Clemente y José Ramón Bauza -repescados del PP- y Joan Mesquida y Celestino Corbacho, renegados del PSOE.

Rivera quiere concurrir a las urnas con candidatos "ganadores" para apuntalar su nueva estrategia, la del Ciudadanos 3.O. Si 2015 fue el año de la irrupción, el aprendizaje y la tarea fiscalizadora a los gobiernos de otros partidos; 2019 es la hora de gobernar: liderar autonomías y ayuntamientos o gobernarlas en coalición con populares y socialistas para su "regeneración".

El problema es que Rivera y el arquitecto de la operación llegada, su fiel José Manuel Villegas, no contaban con la creciente rebelión en las direcciones de un partido, el naranja, que en palabras de uno de sus parlamentarios a ESdiario "se ha hecho mayor". "Contábamos -afirma este diputado en el Parlament- con la llegada de independientes, referentes en sus profesiones o en su actividad privada, pero no de tantos rebotados de bipartidismo".

Y esto es, precisamente, lo que ha pasado con Bauza en Baleares, con Clemente en Castilla y León y con Corbacho en Cataluña. Dirigentes rebotados, frustrados tras haber caído en desgracia por sus nuevos dirigentes y, a la vez, miembros de largo recorrido en los "aparatos" que tanto se critican desde Cs.

La rebelión ha llegado a la sede nacional de la madrileña calle Ventas. El diputado Francisco Igea va a plantar cara a Clemente con el cierre de filas junto a él de varios de los diputados más mediáticos del Congreso y del cabeza de lista a las europeas, Luis Garicano. En Baleares, un runrun creciente impulsa una candidatura alternativa al socialista Mesquida y se quiere plantar frente a la llegada de Bauzá.

Y en Cataluña, donde además Cs tiene un reto de implantación orgánica, el partido se ha puesto en guardia por la marcha de Arrimadas y la llegada de Corbacho. Por que en el PSOE charnego hay una desbandada -a medias ideológico por rechazo al sanchismo, y a medias oportunista por los sucesivos desplomes electorales- y muchos temen que exalcaldes y exdirigentes quieran uscar acómodo, y nómina pública, a costa del trabajo de muchos afiliados y cargos de Cs en los últimos ocho años.

El último amago de incendio radica en Madrid. El entorno de su líder en la Asamblea, Ignacio Aguado, -el candidato natural para el 26-M- no las tiene todas consigo. En los últimos meses los rumores de un fichaje mediático "a lo Valls" no ha dejado de saltar de boca en boca entre los naranjas. La cúpula repite a quien pregunta: "los candidatos en Cs los eligen los afiliados en primarias abiertas y libres".

Pero, pese a eso, el vértigo se ha disparado en un partido poco acostumbrado hasta ahora a las batallas internas de relevancia. Pero, como dice uno de sus dirigentes, los de Rivera "ya no son adolescentes, han cumplido la mayoría de edad".

 

 

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