'Taxify', última llamada para un gremio que se resiste

La culpa de todas las experiencias negativas que los usuarios del taxi vivimos a diario, es de todos los gobiernos que han permitido y permiten que se nos trate así.

Si hay un colectivo que se resiste a conocer la salud de su gremio es el de los taxistas. Con la ley en la mano, ellos son nuestros legítimos chóferes públicos pero… ¿qué pasa si no nos gusta su servicio?

Las oportunidades en el mercado nacen cuando hay un vacío en la oferta con una fuerte demanda y, disculpad la claridad, aquí la oportunidad era muy obvia.

No voy a ser yo quien valore el futuro de Uber ni de Cabify, porque no es el tema de esta columna, pero como usuaria de transporte público -entre 20 y 30 taxis al mes- tengo que decir que los ciudadanos nos hemos hartado de las formas del taxi y nos hemos cogido a un clavo ardiendo. Un clavo que dice buenos días, que te pregunta si quieres escuchar música, que te ofrece una botella de agua, que te da un precio antes de que lo aceptes y que no te mata de calor ni de frío, un clavo que tiene clarísimo que el cliente eres tú y cumplir con las necesidades de tu trayecto es su objetivo.

Lo más preocupante de la situación es el desconocimiento de los taxistas sobre sus usuarios. Necesitan que alguien les explique conceptos básicos del mercado como quién es su buyer-persona y qué papel desempeña el cliente anónimo en la reputación global de su gremio.

La culpa de que cuando llegas al aeropuerto con tus hijos pequeños, ningún taxi te quiera llevar porque no tiene silla ni alzador, no es del taxista; la culpa de que en el mes de agosto un taxi vaya con las ventanillas bajadas y tú estés a punto de coger la 'pallola', no es del taxista; la culpa de que te subas en un taxi y no sepa dónde está la calle a la que vas, no es del taxista; la culpa de que hace tan solo unos meses no pudieras pagar con tarjeta, no es del taxista; la culpa de que el coche huela mal, no es del taxista; la culpa de que no quiera llevarte a un lugar cercano porque la carrera va a ser poco rentable, no es del taxista; la culpa de subir a un taxi y tener que comerte el partido de fútbol a toda paleta o el temazo de Máxima FM, como si estuvieras en una discoteca, no es del taxista.

La culpa de todas estas experiencias que los usuarios del taxi vivimos a diario, es de todos los gobiernos que han permitido y permiten que se nos trate así. Y luego van a la huelga porque no les parece bien que servicios privados puedan competir con sus incompetencias.  

A propósito de esto, me gustaría remarcar que esas huelgas repercuten negativamente sobre los usuarios porque, no nos engañemos, la pataleta de su paro va en detrimento de nuestras agendas, no de la de los ministros que van en el coche negro -público también, pero con todos los servicios-. Y lo que es peor, ese día se disparan las cajas de su desleal competencia.

Cabify dice que hay sitio para todos, el taxi dice que pagó 90.000 pavos por una licencia y que "de sitio para todos, nada monada". Yo digo que los taxistas tienen una oportunidad, que es la de hacer un análisis DAFO de su situación, un estudio de mercado donde recabar las necesidades de su público objetivo y una campaña de branding que comunique lo que estamos pidiendo a gritos que debe ser un taxi -si es que hay voluntad de cambio-.

Están en el punto de ahora o nunca. Si quieren sobrevivir en el mercado actual, tendrán que adaptarse a los nuevos tiempos. Mytaxi no es suficiente. Necesitamos que se conviertan en taxify, que copien todo lo bueno que tienen los de las cabinas pero con la red que tiene el taxi (Cabify nunca va a poder competir con eso, ni en sus mejores sueños); que alguien les gobierne, les controle, les inspeccione, que les obliguen a ser el servicio que los ciudadanos merecemos; que alguien les diga que el coche de trabajo no es su coche, que es el coche y el chófer del que dispone el ciudadano con el mismo respeto que demanda; que les uniformen si es necesario; que les hagan exámenes de geografía y cartografía -y si me aprietas, de español y de inglés-; que hagan lo que una empresa haría, porque de otra manera les queda mucho menos tiempo del que se imaginan. El gobierno puede decir misa, que si el taxi no está preparado para cumplir con las expectativas de una sociedad que no pasa por el aro de su tiranía, se acabó.

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