Alicante y Elche: dos tripartitos en el gobierno municipal, dos fracasos

La protagonista "voluntaria" del Ayuntamiento de Alicante es la edil no adscrita Nerea Belmonte. Antes lo fue Gabriel Echávarri, hasta que dimitió "por su doble procesamiento.

El cambio político en los ayuntamientos de Alicante y Elche, segunda y tercera ciudades de la Comunitat Valenciana, no ha salido como seguramente aspiraban las fuerzas de izquierdas, que se habían unido para impedir que el PP, la lista más votada en ambas metrópolis, volviera a gobernar en estos municipios.

El “fracaso” político en ambos ayuntamientos tiene caminos diferentes. De un lado, en Alicante, con una mayoría absoluta que formaron, PSPV-PSOE, Compromís y Guanyar no terminó de cuajar un verdadero proyecto ilusionante para los ciudadanos. Es fácil hablar del pasado cuando ya se conoce, pero es obvio que el ya exalcalde Gabriel Echávarri, que había obtenido los peores resultados del socialismo alicantino en las urnas, se encontró con una Alcaldía a la que no supo darle el rumbo que demandaba un Ayuntamiento intervenido por un plan de ajuste de Cristóbal Montoro,heredado de la nefasta gestión de los últimos años de la 'popular' Sonia Castedo.

A veces uno no es dueño de su destino, y en parte, Echávarri fue siempre preso de sus encontronazos con Miguel Ángel Pavón (portavoz de Guanyar) y de sus erróneas decisiones  y comportamiento altivo y desconfiado hacia todo lo que le rodeaba. Las actuaciones “irregulares” que le llevaron a un doble procesamiento por los supuestos delitos de carácter administrativo -fraccionamiento de contratos en el área de Comercio y el despido de una interina, precisamente la cuñada del por entonces portavoz local del PP-, marcaron su destino político, saliendo del Ayuntamiento por la puerta de atrás. El PSPV de Ximo Puig le obligó a dimitir de forma humillante y ahí se abrió la caja de pandora;  la consumación del desastre para la izquierda alicantina.

Porque es una legislatura marcada por la inacción y por los juzgados. El voto en blanco de la concejal tránsfuga de Guanyar dio la Alcaldía a un PP de Luis Barcala, que no se lo podía creer, aunque los problemas le vendrían más adelante por la contratación poco afortunada de dos asesores. Las negociaciones que hubo entre los diferentes partidos políticos para hacerse con el voto de Nerea Belmonte –aconsejada por Elsa Martínez, la exdirectora de Ciudad de la Luz con el PP- fueron de todo, menos amistosas.

Nerea Belmonte junto a Elsa Martínez, entrando en la Audiencia.

Pero esa es una historia ya sabida. El último pleno del Ayuntamiento de Alicante, celebrado este jueves, demostró que las heridas no sólo no están cerradas, sino que siguen manando abundante sangre. Porque Nerea Belmonte siempre quiso un sueldo, pero incluso renunciando a él, Compromís, PSOE, Ciudadanos y Guanyar votaron en contra de que recuperara los derechos políticos que recoge la Constitución para los ediles no adscritos. La modificación puntual del Reglamente Orgánico del Pleno (ROP) que pedía la edil, quedó en el limbo. Presente la moción que presente Belmonte, le será rechazada, porque la izquierda no admite que dejara en bandeja el Ayuntamiento al Partido Popular. La postura más lógica tenía que haber sido entregar el acta de concejal, pero está visto que el odio puede más que la razón y la ética; sus excompañeros de Guanyar le hicieron mucho daño.

Lo único positivo ha sido cancelar el plan de ajuste, lo que permite al gobierno municipal recuperar la autonomía presupuestaria para crear nuevas plazas y paliar así el déficit que arrastran las plantillas municipales y bajar impuestos

Todos esos tejes y manejes han acabado en la Fiscalía Anticorrupción y en alargar una agonía que ha afectado gravemente al Ayuntamiento, y por consiguiente, a los alicantinos, que han visto cómo la ciudad no ha levantado cabeza con tanto vaivén político en estos poco más de tres años.

Luis Barcala está intentando, en una carrera al sprint, mejorar la gestión municipal en los meses que le quedan, pero ocho concejales son demasiados pocos para poder sacar proyectos de calado para la ciudad. Aunque, eso sí, ha logrado cancelar el plan de ajuste, lo que permite al gobierno popular recuperar la autonomía presupuestaria para crear nuevas plazas y paliar así el déficit que arrastran las plantillas municipales, así como lograr una reducción de impuestos.

Elche, a sobrevivir

En Elche, por el contrario, no ha habido tanto paseíllo por los juzgados y la Fiscalía. En la ciudad ilicitana el socialista Carlos González ha logrado sobrevivir en un ejecutivo municipal en minoría y enfrentado a su principal socio de gobierno, Mireia Mollà (Compromís), e incluso en el último año de legislatura a sus propios compañeros de grupo municipal, que le acusaban de "blando". Pero si algo ha demostrado González, es que es un superviviente político, ya que incluso va a volver a ser el candidato del PSOE en Elche a pesar de su tensa relación con su compañero y exalcalde Alejandro Soler, que no ha querido entrar en batallas partidistas "por el bien del socialismo ilicitano" y que ostenta ahora un importante cargo en Madrid, concretamente director general del SEPES.

Carlos González ha contado desde fuera del gobierno municipal con el apoyo de Ciudadanos. Gracias a la formación naranja ha podido sacar adelante los dos últimos presupuestos y mantener una Alcaldía por “culpa” de la falta de acuerdos entre la derecha ilicitana, que a pesar de tener entre la suma de todos los partidos la mayoría absoluta, ha preferido que gobierne un tripartito de izquierdas antes de que lo haga otra sigla conservadora: se ha impuesto el todos contra el Partido Popular. Es lo mismo que ha pasado con la izquierda en Alicante, porque si está Barcala al frente del Ayuntamiento, es por la propia incapacidad de los llamados partidos progresistas de llegar a acuerdos.

Jesús Pareja, Carlos González y Mireia Mollà.

El alcalde González ha sabido utilizar sus cartas para salir vivo de una legislatura que se antojaba tortuosa. Logró la investidura gracias al apoyo de un partido local, Ilicitanos por Elche, y aguantó poco más de seis meses para lograr aprobar los primeros presupuestos. Cuando los tuvo en la mano, liquidó un pacto que ya se advertía contra natura, y cayó en manos de Ciudadanos, a los que supo convencer para apoyos puntuales.

Pero no ha sido más que un acto, como decía antes, de supervivencia política. La gestión ha sido deficiente y este tripartito ha sido incapaz de solucionar los problemas que arrastraba la ciudad. El hecho más relevante ha sido el proyecto del Mercado Central, que ha muerto en manos de sus propios socios de gobierno, en este caso, de Compromís. Pero tampoco ha habido peatonalización de la Corredera, ni se ha dinamizado el comercio del centro de la ciudad, ni el turismo, ni se han eliminado los barracones, ni se ha conseguido la cesión de la Dama de Elche, ni se ha mejorado la limpieza del municipio, ni apenas han mejorado las infraestructuras de las pedanías. Además,  y esto sí es mala suerte, ni se ha podido cortar la cinta de inauguración del AVE a Elche, que llegará en 2019 siendo optimistas.

El tripartito ilicitano ha fracaso con el Mercado Central, la peatonalización de la Corredera, la limpieza viaria, el turismo, los barracones, y encima el AVE no llegará hasta 2019 siendo optimistas

Pese a ello, Carlos González parte como favorito para las elecciones municipales del próximo año, aunque tal y como se desarrollan los acontecimientos en política en los últimos tiempos, de un día para otro todo puede suceder y cambiar. La última, tras el pleno, ha sido la fotografía de hermandad que se ha hecho todo el Ejecutivo municipal. Caras sonrientes pese a los continuos roces, fricciones y enfrentamientos que han mantenido los diferentes partidos que han formado este tripartito. Las perlas 'off the record' que soltaban algunos concejales había que escucharlas. Pero ya saben cómo es la política, no hay nada que una más que el poder. Pero Alicante y Elche han perdido cuatro años, han perdido una oportunidad de cambiar dos ciudades punteras de la Comunitat y trasladar al ciudadano que sí hay otra manera de hacer política.

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