19 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El PSOE negoció en secreto con ETA: ¿También con el independentismo catalán?

Si Zapatero negoció con ETA lo innegociable, en secreto y negándolo todo, ¿cómo no temer que Sánchez haya hecho o está haciendo algo similar con los partidos que le hicieron presidente?

 

 

 

El PSOE, en tiempos de Zapatero, negoció políticamente con ETA  cesiones innegociables, con atentados mortales en marcha, sin dar cuenta a la opinión pública y negando la celebración de auténticas cumbres con mediadores internacionales que trataron a ambos interlocutores de igual a igual.

Ni siquiera se interrumpieron los contactos cuando la banda terrorista asesinó con una bomba a dos trabajadores de la T4, tal y como consta en las actas elaboradas por la propia ETA, visadas judicialmente y con visos innegables de verosimilitud por la precisa reconstrucción de los hechos y por la inexistencia de un desmentido sólido: nadie en el PSOE, ni de entonces ni de ahora, ha sido capaz de negar los hechos con energía.

Si graves son las formas y el contexto; el fondo resulta simplemente escandaloso: los socialistas ofrecieron integrar de facto Navarra en el País Vasco, con un estatuto y parlamento compartido por ambas Comunidades; liberar al sanguinario De Juana Chaos, evitar la detención de nuevos terroristas, dar algún tipo de salida a los presos de la banda e incluso ayudar económicamente a ésta, siempre y cuando abandonara la violencia. Terrible.

El horror

El cúmulo de despropósitos, quizá ilegalidades y desde luego inmoralidades, es histórico. Y que no se culminara el proceso y sin embargo ETA terminara desapareciendo demuestra justo lo contrario de lo que el PSOE pretendía con esos vergonzosos contactos: no fueron las cesiones políticas, sino el Estado de Derecho a través de los Cuerpos de Seguridad y la Justicia, quienes acabaron con ese horror.

El PSOE no solo escondió lo que estaba haciendo en aquellos momentos, sino que además lo negó, pese a estar dispuesto a concesiones contrarias a la decencia y la propia Constitución

Que ahora se conozca todo, a través de una versión de los dirigentes de ETA que puede ser matizada seguramente pero difícilmente variará la esencia del asunto, le añade una inquietante conclusión a tan abyecto episodio: el PSOE no solo escondió lo que estaba haciendo en aquellos momentos, sino que además lo negó, pese a estar dispuesto a impulsar concesiones contrarias al sentido común, la decencia y la propia Constitución.

Es imposible, salvando las distancias a efectos de violencia, no pensar en que ahora, los herederos de Zapatero, no estén haciendo algo parecido con el independentismo catalán sin el cual, no lo olvidemos, Pedro Sánchez no hubiera sido presidente por primera vez vía moción de censura sin aparente factura a pagar a cambio de ese favor.

 

¿Pero hay algo que, de nuevo desconoce la opinión pública? La sospecha es legítima, y se soporta en la evidencia de un pacto para la investidura el verano pasado, en los mensajes y decisiones en favor de los políticos encausados en el Supremo, en la extravagante visita oficial de Sánchez a Torra saldada con un comunicado de peticiones que Moncloa jamás enseñó y en la promoción interna para puestos clave institucionales de socialistas comprensivos con el procés.

Más sintonía

Todo ello no da para afirmar con rotundidad que este Gobierno, como el de Sánchez, tiene una hoja de ruta secreta con el independentismo plagada de concesiones inaceptables; pero sí para temerlo, quedarse con la duda y dar por supuesto que la sintonía es mucho mayor y la colaboración recíproca más amplia.

Que el Ejecutivo retirara al Abogado del Estado favorable a sostener la acusación de rebelión o que Sánchez le diera a Junqueras "No te preocupes" son, entre tantos otros indicios, certezas de lo más sonrojantes. Si lo hizo Zapatero, ¿por qué no su inestable y mucho más necesitado sucesor?

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