17 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Así pasea Sánchez su sonrisa entre las cenizas del incendio en Gran Canaria

Las poses estudiadas en el helicóptero y el semblante relajado y risueño del presidente en funciones durante su visita a zona devastada por el fuego han encendido la indignación general.

Que el presidente en funciones se derrite por una buena foto y una mejor pose, ya es más que sabido. En el año largo que lleva como inquilino en La Moncloa ha habido muchas ocasiones para comprobar cómo se ha dejado llevar por ese irresistible frenesí narcisista, sin importarle hacer el ridículo en tal empeño. Pero que Pedro Sánchez no haya podido contener este vicio ante una situación tan trágica como el incendio en Gran Canaria, es pasarse hasta lo intolerable.

El jefe del Ejecutivo interrumpió sus vacaciones en Doñana para conocer, sobre el terreno, los estragos del peor incendio que se ha registrado en nuestro país en lo que va de año. Pero pronto quedó claro que lo importante no era el desastre sino la visita en sí. O más exactamente el visitante.

Las imágenes difundidas del presidente a bordo del helicóptero, con gafas oscuras, o el posado abracadabrante en la pista, siendo el vértice de una insólita composición con representantes de todos los cuerpos de seguridad y emergencias, se antoja de una frivolidad que raya en la obscenidad.

 

 

Y esta frontera quedó traspasada con la foto de grupo con el que presidente, junto al presidente canario y el ministro de Agricultura, entre otras autoridades, concluyeron un indolente paseo por la zona arrasada. La sonrisa de Sánchez con el paisaje de cenizas a sus espaldas no tiene nombre.

¿No habrá algún fontanero en Moncloa con las suficientes luces para recordarle al presidente que  esas fotos no solo no le dan votos sino que provocan una irreparable pérdida de respeto hacia su persona y su dignidad institucional?

 

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