El segundo renuncio de Puig o cómo acaba de confundir en las fases del Gobierno

La consellera primero dijo que el informe valenciano era de matrículo de honor para pasar a la fase I y la Comunitat se quedó con el 0. Luego anticipó que pediría el cambio a fase II, para después renunciar

La consellera primero dijo que el informe valenciano era de matrículo de honor para pasar a la fase I y la Comunitat se quedó con el 0. Luego anticipó que pediría el cambio a fase II, para después renunciar

La Comunidad Valenciana, en la práctica, ha suspendido dos veces en los sendos cambios de fase: la primera por sacar un cero directamente y la segunda por no presentarse

"Oye, ¿cuándo cambiaremos de fase?", preguntaba en un semáforo este viernes el copiloto de una furgoneta a la conductora del vehículo que estaba a su derecha. "Nunca", fue la contundente y significativa respuesta de la chica.

Esta contestación refleja varios aspectos. Por una parte que, allá por donde andes con tu mascarilla en ristre, las conversaciones de con quien te cruzas (que ahora escuchas más porque la gente camina con más separación y ha de alzar la voz en mayor medida) giran sobre la pandemia y las restricciones a la movilidad. Por otro lado, la desmoralización y frustración que existe con la lentitud de todo este proceso. Y en tercer lugar, aunque podría alargarme con más lecturas, la confusión sobre las fases.

Y esas dudas se acrecientan en la Comunidad Valenciana, la única que no ha pedido avanzar a pesar de que podría haberlo hecho, posiblemente para no repetir el suspenso de cuando solicitó traspasar la fase 0. Esa decisión nos coloca de nuevo a la cola de España. Igualados con los ´farolillos rojos´ (expresión muy de argot deportivo con la que se califica al último corredor del Tour de Francia en recuerdo a los vagones de cola de los trenes, con luces rojas), que son Madrid y Barcelona. A partir de este lunes los tres, junto a dos provincias andaluzas, tres manchegas y Castilla y León, compartiremos grupo de rezagados.

No hace mucho, en Les Corts, la portavoz de Sanidad del PSPV, Carmen Martínez, destacaba la gestión valenciana ante la pandemia como "la mejor de España"  y la contrastaba con la de Madrid. Casi a la par, la consellera de Sanitat, Ana Barceló, pronosticaba "matrícula de honor" para el informe con el que se argumentaba el pase a la fase I. Por parte de Compromís, su diputado nacional, Joan Baldoví, expresaba su "orgullo" por la labor desarrollada por sus consellers y altos cargos, mientras que Lluismi Campos, jefe de gabinete del president de Les Corts, Enric Morera, también sacaba pecho comparando la incidencia de la pandemia en el ámbito valenciano con el efecto en la Comunidad de Madrid.

Pues desde este lunes 25 de mayo nos situamos al mismo nivel. Ambas autonomías estaremos en la fase I, con idénticas limitaciones. Seguiremos circunscribiendo nuestra actividad deportiva y de paseos a las franjas establecidas por el Gobierno, reduciendo las reuniones a un máximo de diez personas, sin poder visitar a familiares en residencias, con los bares y restaurantes cerrados por dentro, con los centros comerciales, cines, teatros y piscinas al aire libre clausurados. O con las bodas sin invitados y las iglesias al 30% de su aforo. Entre otras muchas medidas. Como Madrid, con quien tantas distancias se marcaban desde el Consell hasta hace poco.

Para generar más confusión, somos la autonomía que ha suspendido dos veces en los sendos cambios de fase: la primera por sacar un cero directamente y la segunda por no presentarnos al examen. Y en ambos casos después de que nuestras autoridades presumieran de su buena preparación para la prueba. Primero, con ese inolvidable vaticinio de la consellera de la "matrícula de honor" que luego se convirtió en O. Y, después, cuando avanzó que esta semana que se cierra la Comunidad Valenciana pediría el pase a la fase dos. Todo ello después del caos sembrado en el departamento de la Ribera tras señalarlo para que quedara excluido de estos pasos.

Después de anticipar la consellera la solicitud de pasar a la fase II el domingo y generar esa expectativa en la ciudadanía, ávida de salir a la calle y poder desatascar su vida, el miércoles por la tarde el Consell renuncia. Como el alumno que tiene la experiencia de haber suspendido en el primer trimestre y luego haber aprobado por los pelos en la recuperación, y que, cuando llega el segundo trimestre, deja pasar el tiempo hasta percatarse de que tiene los exámenes encima y tampoco se ha preparado lo suficiente. Para ahorrarse la humillación de otro suspenso, opta por no presentarse. Aunque en público recurra al eufemismo de la "prudencia".

La Comunidad Valenciana vuelve al grupo de los que peor nota sacan. O de los que están en los últimos puestos de la clasificación en una competición deportiva. 

De ese modo, en la práctica, se queda desde hoy al mismo nivel que sus compañeros que vienen de una segunda repesca y que ya han aprobado ese primer trimestre, mientras contempla cómo la mayoría de la clase ya anda por el tercer trimestre tras haber superado el segundo. Por tanto, vuelve al grupo de los que peor nota sacan. O de los que están en los últimos puestos de la clasificación en una competición deportiva. Y todo ello tras presumir antes de los exámenes de que era el mejor preparado y que iba a sacar la mejor nota.

Como Madrid. Desde este lunes nos hallamos en la misma fase. Ya no puede compararse el Consell con lo que ocurre en la autonomía del centro de España. O, si lo hace, tendrá que igualarse, porque los resultados, o la calificación del grupo de ignotos expertos, son idénticos. Y un 1. 

Desde este lunes nos hallamos en la misma fase que Madrid. Ya no puede compararse el Consell con lo que ocurre en la autonomía del centro de España.

Y ese 1 viene después de dos ´curas de humildad´ al ejecutivo valenciano, de dos renuncios del president, Ximo Puig. Tras hablar de matrícula y anticipar que pediría el pase a la fase I, nos quedamos primero con un suspenso y segundo con un ´no presentado´. Los únicos de España que ni lo intentamos. 

Visto lo visto, y escuchado lo escuchado, con esos resultados, no es de extrañar la desesperación y el descrédito entre la ciudadanía. Ni que cuando a alguien le pregunten por cuándo pasaremos de fase conteste que "nunca". Quizás vale la pena ponerse en el peor de los escenarios, porque ¿para qué creer ya los pronósticos de nuestros responsables políticos? 

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