20 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El desprecio a Fraga, una herencia del frentismo de Zapatero y Sánchez

 

 

La retirada del título simbólico de Hijo Adoptivo de La Coruña a Manuel Fraga, impulsada por el trío de socialistas, populistas y nacionalistas que decide en la ciudad gallega; es menos grave que la complicidad, el silencio o la falta de enmienda del PSOE a semejante despropósito, en la línea de reescribir la historia, manipular los hechos y resucitar un inquietante frentismo entre españoles.

Fraga fue ministro de Franco, sí, pero en aquel régimen dictatorial que duró cuarenta años hicieron falta profesionales, dirigentes y todo tipo de funciones ostentadas por personas que no puede ser estigmatizadas por ello sin incurrir en una injusticia, un despropósito y una falsedad.

El fundador de AP fue decisivo en el salto de la Dictadura a la Democracia, en el desarrollo de las leyes que permitieron ese avance, en el progreso económico de la España autárquica a la receptora de turismo y en la reconciliación que supuso la tolerancia y aceptación que él y Santiago Carrillo, icono del polo opuesto.

La actual izquierda corrige a sus mayores, protagonistas de la reconciliación y pisotean su legado democrático

Con las luces y las sombras de la época, resumir la trayectoria de este servidor público con una etiqueta franquista es una muestra supina de ignorancia y sectarismo, habitual en formaciones residuales o montaraces pero impropias del PSOE.

El propio exalcalde del municipio, el socialista Francisco Vázquez, ha reprobado con su clarividencia habitual este despropósito, pero apenas ha tenido eco en su propio partido, en el que es un proscrito como tantos otros dirigentes que debieran ser memoria viva de la mejor tradición socialista pero son contemplados y tratados como traidores y rivales.

Con Zapatero y Sánchez

Lejos de ser una triste excepción, la decisión de proscribir a Fraga prolonga una lamentable bandera de una izquierda desmemoriada que, al calor de algo tan noble como rescatar la memoria colectiva de la Nación, utiliza por mero interés electoral ese legado como elemento de confrontación.

Fraga no se merece ese desprecio, como España no se merece esta generación de políticos irresponsables que juegan con el pasado y enmiendan a sus mayores frívolamente, despreciando el ingente esfuerzo de reconciliación que ellos, protagonistas reales de la historia, dejaron como legado para la convivencia. Que Zapatero antes y Sánchez ahora sean los principales arietes de esa actitud produce una inmensa pena.

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