24 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

PP, VOX y CS deben ahora buscar la manera de alcanzar los 176 diputados

Pablo Casado, durante la moción de censura

Pablo Casado, durante la moción de censura

La moción de censura deja heridas en el centroderecha, pero también le obliga a encontrar la fórmula que Sánchez ha aplicado con los peores socios. Todo lo demás importa menos.

 

Que la moción de censura no iba tanto de desalojar a Sánchez como de medir la resistencia del PP al empuje de VOX estaba ya claro casi antes de celebrarse, por la imposibilidad aritmética que de Abascal, o cualquier otro candidato, alcanzara los 176 votos imprescindible para desalojar al Gobierno.

Ningún Ejecutivo como el de Sánchez e Iglesias se merece tanto la reprobación, por la acumulación de errores y negligencias de una gestión marcada por el fracaso global y el sectarismo más pronunciado. Pero ninguno, tal vez, goza de la estabilidad derivada de la decisión de Sánchez de intentar perpetuarse pactando lo que sea y con quien sea para garantizarse apoyos suficientes.

VOX lo sabía perfectamente cuando la convocó, con una estrategia tan obvia como legítima: convertirla en el escenario más visible de una disputa con el PP por el liderazgo del centroderecha, sometiendo a Casado al dilema de convertirse en gregario de Abascal o "aliado" de Sánchez.

Ante esa inteligente encerrona política, desde la perspectiva de VOX al menos; Casado ha respondido con audacia, logrando que el "No" a Abascal no parezca un "Sí" a Sánchez y reivindicando un espacio propio para el PP en el centro del tablero, que es donde en España se ganan las Elecciones. 

El centroderecha debe resolver la pregunta que ya respondió Sánchez de manera nefasta: ¿Cómo se pueden lograr 176 escaños?

Es una operación de riesgo al corto plazo, que pone en solfa sus acuerdos indirectos con VOX en regiones y ayuntamientos, agudiza el enfrentamiento y división del electorado del centroderecha y oscurece o encarece futuros acuerdos con Abascal.

La gran pregunta

Pero también responde, al menos de una manera concreta, a la única pregunta que el centroderecha debe hacerse cuando sus distintas opciones dejen de competir entre ellas:

¿Cómo puede algún día lograrse 176 escaños? Sánchez respondió hace tiempo a esa cuestión, de una forma tan espuria como eficaz: completando sus escasos apoyos con todos los partidos que, por distintas razones, menos creen en España.

Aclarar ese dilema y encontrar una fórmula es el gran reto del PP, pero también de VOX y Cs. Y es de desear, por el bien del país, que las tensiones de la moción de censura sean el preámbulo de la búsqueda conjunta de una alternativa y no el prólogo de una ruptura que eternice a un Gobierno nefasto.

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