06 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El miedo a tropezar con el “voto fantasma” de Ciudadanos atenaza a Rivera

Albert Rivera y Ciudadanos se enfrentan a una campaña incierta.

Albert Rivera y Ciudadanos se enfrentan a una campaña incierta.

En Ciudadanos son conscientes de que se abre un nuevo horizonte electoral y temen que los "volantazos" de su líder puedan mermar sus votantes pese a lo que ahora digan las encuestas.

Serán las urnas quienes sentenciarán cómo ha gestionado Albert Rivera los tiempos tras el 20D. Ahora bien, a día de hoy, constituye una idea muy extendida en Ciudadanos  que le han sabido sacar partido a sus 40 escaños. El equipo naranja ha superado en marketing y presencia mediática las perspectivas iniciales que tenía, por más que ahora mismo, condicionado por su acuerdo con el PSOE, tenga un mensaje político más desdibujado. 

De hecho, las fotos fijas que son las encuestas vienen premiando la búsqueda de la gobernabilidad de Rivera. Y ello pese a que el líder de C’s ha tenido que dar demasiados volantazos para cambiar de carril de forma brusca, hasta llegar incluso a abrir la puerta a un Gobierno “independiente” sin Mariano Rajoy ni Pedro Sánchez. ¿Qué ha ocurrido para que se haya deslizado semejante propuesta? La versión oficial habla de “un último esfuerzo a favor de un gran pacto nacional por encima de los intereses partidistas”, y deja muy claro que “en ningún caso se ha tratado de postular él mismo, algo que también desataba muchas especulaciones”. La realidad es que se trata de otra improvisación más del líder de Ciudadanos apremiado delante de una cámara de televisión.  

Si de algo es consciente Albert Rivera es de que uno de sus “errores” en la campaña fue el guante de seda con Iglesias, a pesar de rivalizar con él por el voto del cambio

Lógicamente, a nadie puede sorprenderle que Albert Rivera ya piense en apuntalar su perfil de cara a una repetición electoral que cada día es más verosímil. Más aún cuando se ha granjeado (y bien lo sabe él) una enorme animadversión en buena parte del centro-derecha, su verdadero “caladero” de votantes. En el seno de la Ejecutiva de la formación naranja ya existen voces, particularmente cercanas al líder, que alertan de ese peligro. En el aire, por ejemplo, poder repetir el resultado en la Comunidad de Madrid, donde alcanzó siete diputados con un respaldo cercano al 19%. De ahí que entre una parte de los mandatarios de Ciudadanos causase estupor días atrás la campaña viral diseñada por Fernando de Páramo bajo el hashtag #marianorajao haciendo mofa del apellido del jefe del presidente del Gobierno. 

Eso sí, en este momento los analistas de Ciudadanos consultados aseguran que, en caso de nuevas elecciones, lo que se les pueda ir por el lado del PP lo van a compensar con los ex votantes del PSOE que lleguen para apoyar a Rivera. Pero en lo que sí se muestran muy optimistas estas mismas fuentes es en el caso de que al final se llegase a materializar la alianza Podemos-Izquierda Unida. Porque esa suma –dicen- les dejaría a ellos en exclusiva la etiqueta de fuerza transversal que defiende la nueva política. O sea, que muchos de los votantes de Pablo Iglesias en 2015, al menos la parte que votó contra los partidos tradicionales y por la regeneración política, que hicieron a Podemos alzarse como tercera fuerza, en esta ocasión podrían hacer engordar electoralmente a C’s

Si de algo es consciente Albert Rivera es de que uno de sus “errores” en la pasada campaña fue el guante de seda que mostró con Iglesias, a pesar de rivalizar con él por el voto del cambio. La formación naranja se confió, dejó ese papel al PP y lo pagó muy caro. Desde luego, en esta segunda vuelta no volverán a pisar la misma piedra, me asegura un importante estratega de Ciudadanos

Y hablando de posibles resultados, a estas alturas la cúpula naranja firmaría con los ojos cerrados el suelo de 50 escaños. Claro. Si bien, en realidad, consideraría un éxito repetir los 40. Prudencia es la consigna. Porque el mayor temor de los mandatarios de C’s es que el 26J vuelva a fallarles lo que ellos llaman “el voto fantasma”. Es decir, las altas expectativas que luego se ven truncadas (como ocurrió en diciembre) y que llevan a la decepción al conjunto de la organización. Rivera, desde luego, no olvidará con facilidad que se quedó sin representación en 26 de las 52 circunscripciones. Aquí y allá dejó de sumar escaños en liza por mil o dos mil votos de media. Al final, 24.000 papeletas distribuidas por determinadas provincias que podrían haberles garantizado una decena más de diputados que los que finalmente obtuvieron. 

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