El mito de Belerofonte o la caída de Rivera

A pesar de que tuvo la oportunidad de apoyar la moción de censura presentada por el PSOE, la ambición de Ciudadanos, hinchada por el éxito demoscópico, le traicionó

Belerofonte fue un bello héroe de la mitología griega que, tras enamorar a la esposa del rey de Tirinto y en represalia por ello, fue enviado a eliminar a Quimera, un terrible monstruo que lanzaba fuego a través de sus tres cabezas.

Como quiera que la misión era terriblemente difícil, los dioses le prestaron toda su ayuda. Zeus puso a su servicio a Pegaso, un hermoso caballo alado que vagaba por la tierra en estado salvaje. Una vez consiguió domarlo, Belerofonte partió en busca de Quimera, derrotándola. El joven héroe culminó otras hazañas; siempre con la ayuda de los dioses.

En recompensa, Yóbates, rey de Licia, le concedió la mano de su hija, sucediéndole en el trono tras su muerte.

Pero un día, Belerofonte, presa de su orgullo, montó a Pegaso y se dirigió a los cielos para comprobar la existencia de los dioses. Zeus lo castigó por su soberbia, provocando que Pegaso se desbocara y desmontara al héroe, que acabó precipitándose al vacío.

Quién le iba a decir al joven Rivera, cuando allá por 2006 exhibía su desnudez tapando sus atributos en los carteles electorales de las elecciones autonómicas catalanas, que apenas una semana antes del 1J, las encuestas lo iban a catapultar, situando a su partido como el preferido por los españoles.

A pesar de que tuvo la oportunidad de apoyar la moción de censura presentada por el PSOE, su ambición, hinchada por el éxito demoscópico, le traicionó.

Si tras la sentencia de Gürtel, Albert Rivera avisaba de que iba a traer consecuencias, apenas una semana después el vaticinio se confirmaba:

Rivera y su partido se precipitaban al vacío.

Echar a Rajoy sin apoyar la moción de censura y convocar elecciones cuanto antes resultó una estrategia equivocada, no solo por contravenir los intereses de España, sino también el Reglamento del Congreso y la Constitución Española.

En ninguna parte del articulado que regula la moción de censura se establece que, aprobada la moción, deban convocarse elecciones, ni mucho menos puede deslegitimarse al presidente investido de la confianza de la Cámara.

Movido exclusivamente por su interés, ha repetido una y otra vez, aludiendo a la “vía democrática”, la necesidad de convocar elecciones generales con carácter de urgencia (las terceras en poco más de dos años), quedando posteriormente en evidencia por negarse a pactar una fecha con el PSOE.  Como si la moción de censura no fuera un procedimiento democrático.

Con el Partido Popular en vías de reconstrucción, Ciudadanos, que pudo haber dado su apoyo a la moción, queda relegado a un segundo plano: la oposición de la oposición lo han llamado algunos.

Por el contrario, Pedro Sánchez ha comenzado su andadura en la Moncloa mandando dos mensajes muy claros para los que le preguntaban el precio que habría que pagar a los independentistas: Grande-Marlaska y Borrell. El primero, por haber encarcelado en dos ocasiones a Otegi; el segundo, por su reconocida firmeza contra el independentismo en Cataluña.

No cabe duda de que Pedro Sánchez ha sabido conformar un gobierno presidido por la alta capacitación y el mérito, que ha generado confianza y ha devuelto la ilusión. Y ya empieza a asentarse la idea de que es un gobierno que acabará la legislatura…..para ganar las elecciones.

 

*Abogada y excoordinadora de UPyD en la Comunidad Valenciana.

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