24 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

No es contra el Rey; es contra la democracia

El Rey Felipe, el pasado 12-O

El Rey Felipe, el pasado 12-O

Sánchez sumerge en una peligrosa crisis al sistema democrático español, en el peor momento, permitiendo que sus aliados redoblen su campaña contra el Jefe del Estado.

 

La campaña de Podemos contra la Monarquía Parlamentaria, que tiene por objetivo su viejo deseo antisistema de acabar con el "Régimen del 78", ha encontrado en la tibieza o complicidad del propio Gobierno un extravagante acelerador de consecuencias imprevisibles.

El veto al Rey, para un acto del CGPJ en Barcelona, sintetiza el incalificable trato que el Gobierno le ha dispensado desde 2018 al Jefe de Estado; denigrado en la misma medida en que se consolidaban las alianzas con partidos que, por distintas razones, quieren acabar con la España constitucional.

Bien para abrir un nuevo "periodo constituyente", el eufemismo que Podemos utiliza para implantar sistemas políticos sectarios y empobrecedores allá donde están vigentes. Bien para facilitar la independencia de una parte del país, caso de los separatistas.

 

En la influencia que ambas versiones del mismo problema tienen en La Moncloa, encabezada por un presidente intervenido y dependiente, hay que encontrar la complicidad por acción u omisión del propio Sánchez en una escalada que pretende acabar con la Transición y la democracia que trajo: el Rey es el símbolo de lo que se quiere enterrar; y no solo la encarnación de una institución simbólica más o menos prescindible.

 

 

La gravedad de la acusación del ministro Garzón al Monarca, tildándole de conspirador por telefonear al presidente del CGPJ y de saltarse la Constitución, no pasaría del exceso verbal típico de una generación de políticos antisistema de no ser porque no fue destituido a los minutos. Lejos de eso, Sánchez ha permanecido en silencio, haciéndose cómplice de la bravata; o ha movilizado a su vicepresidenta Calvo, para recomendarle una tila a don Felipe.

Que en pleno drama nacional por la pandemia y el hundimiento económico el Gobierno vea la ocasión de progresar en su agenda rupturista, es un escándalo. En lugar de entender que ese contexto le obliga a grandes pactos con la oposición centrados en problemas reales y le alejen a sus socios de investidura desde 2018; Sánchez ha decidido justo lo contrario.

Alimentar los peores objetivos de sus socios para, a cambio, garantizarse la aprobación de sus Presupuestos: un interés coyuntural y personalista no se puede abonar con una crisis estructural que, a los estragos sanitarios y económicos, le añada otros territoriales y constitucionales. Pero éste es el Gobierno que padecemos, siempre capaz de encontrar nuevos problemas sin arreglar ninguno de los previos. 

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