17 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La vergonzosa carta de 66 diputados del PSOE exigiendo el apoyo ciego a Sánchez

 

 

La carta de 66 diputados del PSOE pidiéndole al PP su abstención para facilitar la investidura de Sánchez es otra jugada impúdica más de un líder socialista sin precedentes, ni probablemente sucesores, en la falta de límites en su acción política.

Que Sánchez movilice a los suyos para reclamar lo que él mismo, en persona y de manera tan rotunda, se negó a hacer, lo dice todo de los principios políticos del personaje, siempre adaptables a las circunstancias e intereses personales.

Pero incluso así y, pese a ese alarde de cinismo, podría tener sentido la petición: un error no se arregla con otro, sino que se suma para prolongar un problema de estabilidad que ya lastra a España desde hace años.

Sus socios desde 2015

La cuestión es que las circunstancias no son las mismas, ni las intenciones tampoco: las de Sánchez son, estrictamente, anular al principal partido de la oposición y, a ser posible, el segundo, para gobernar luego una larga legislatura con sus socios ya visibles desde 2015 en ciudades, comunidades y la propia Moncloa.

Cuando Rajoy solicitó la abstención del PSOE veníamos de diez meses de bloqueo del Gobierno, de una repetición inusual de las Elecciones Generales y no existía ninguna otra alternativa aritmética. Además, el PP ofreció un gran Pacto de Estado global a los socialistas, asumiendo incluso la posibilidad de un Gobierno de coalición a la alemana.

Es patético el papel de 66 diputados críticos del PSOE ahora arrodillados ante Sánchez para mantener su puesto

Son tres hechos incontrovertibles que dieron coherencia a la propuesta y aclaraban sus efectos. Todo lo contrario que en el caso del PSOE, que ni propone nada a ninguno de sus socios estructurales ni coyunturales y se limita a exigir un respaldo ciego para hacer a continuación lo que estime oportuno con quien considere en cada momento.

Si va a hacerlo con Podemos y el independentismo, trampolines ya en la moción de censura, que les reclame a ellos su favor en la investidura. Si quiere que sea Ciudadanos, que les haga una propuesta formal que perfile el tipo de Ejecutivo saliente de esa síntesis. Y si espera el plácet del PP, que explique exactamente para qué y en qué piensa invertirlo.

Un desvarío constante

Que los 66 diputados socialistas que actuaron al final con decencia institucional, desbloqueando la investidura para no abocar a España a una parálisis eterna, resulta patético e indiciario de hasta qué punto domina Sánchez el PSOE con puño de hierro y provoca la rendición incondicional de la parte de su partido, con barones incluidos, que puso en el pasado un punto de sensatez a sus desvaríos.

Y que el ecosistema mediático compre y difunda sin más esa postura, prescindiendo de los antecedentes y obviando el paisaje real de responsabilidades en la España actual, resulta descorazonador y degrada la calidad del debate público. Justo el escenario en el que Sánchez chapotea con tranquilidad.

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